El resultado de las elecciones catalanas del 27 de septiembre lo dejaron en manos de la CUP, un partido independentista pero también anticapitalista, que más allá del deseo de secesión no comparte nada con la formación liberal de Mas. Ayer, el partido de extrema izquierda dijo "no" a su investidura y forzó unas nuevas elecciones en la región de 7,5 millones de habitantes. El futuro de Mas se torna negro y el proceso secesionista queda paralizado.
Tras tres meses de negociaciones, el actual jefe del Ejecutivo en funciones no podrá revalidar su cargo a pesar de que su coalición -Junts pel Sí- fue la fuerza más votada, sin mayoría absoluta, en los comicios que él mismo convirtió en un plebiscito separatista.
Al frente de su partido, Convergència, Mas aplicó recortes frente a la crisis económica que le valieron de hecho el sobrenombre de "Artur Manostijeras". Fue la principal causa de rechazo de la CUP, junto a los escándalos de corrupción en su partido.
Medios de Madrid bautizaron peyorativamente a Mas como el "mesías independentista". Lo cierto es que ha llevado a Cataluña al punto más cercano de la independencia de lo que ha estado en cuatro décadas de democracia. Y su gran aspiración era encabezar el Gobierno que intente proclamar la secesión contra las leyes españolas en un plazo de año y medio.
El hombre que ha planteado la mayor amenaza a la unidad de España en sus 40 años de posfranquismo no fue, sin embargo, siempre un independentista. Secesionismo, de hecho, era para Mas hasta hace unos años algo "anticuado, oxidado, frustrante e irresponsable".
Él sitúa el punto de inflexión en junio de 2010, cuando el Tribunal Constitucional español echó abajo artículos clave del nuevo Estatuto de Autonomía -la ley básica de la región- que aumentaban competencias y reconocían a Cataluña como nación.
"No me siento un salvador de este país, me siento un servidor", dijo al ser investido jefe del Gobierno catalán en diciembre de ese año.
El azote de la crisis económica alimentó el independentismo, y Mas acabó agarrando las riendas de un proceso hacia la secesión en 2012, después de que el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, rechazara su petición de una financiación preferente para Cataluña.
Nacido en 1956 en una familia acomodada y educado en el Liceo francés, terminó Ciencias Económicas y Empresariales en Barcelona en 1974. Su educación le dio algo que escasea entre los políticos españoles: los idiomas. Además de catalán y castellano, domina el francés y el inglés. Según cuentan compañeros de carrera, lo suyo fueron los estudios y los paseos en yate. La política no parecía importarle y rehuyó los avatares finales de la dictadura y de la transición democrática.
No fue hasta casi los 30 años cuando se afilió a Convergència, un partido liberal que durante décadas no defendió la independencia.
Una vez en política, hizo carrera ascendente por sus dotes de tecnócrata: de concejal en el Ayuntamiento de Barcelona a los gobiernos de Jordi Pujol, ahora imputado por haber tenido en paraísos fiscales una fortuna sospechosa de proceder de comisiones ilegales durante su 23 años al frente del Ejecutivo catalán.
Pujol lo eligió como delfín en 2001. Y aunque Mas se alejó en los últimos tiempos del expresidente, sobre él ha planeado siempre la duda de cómo no supo nada de lo que hacía su mentor habiendo sido consejero de Economía y Finanzas y "conseller en cap", una especie de jefe de Gobierno.
Un error de sus rivales ha sido darlo varias veces por "muerto" en política, según indicó a DPArecientemente una persona cercana al Gobierno catalán. "Mas ha resucitado muchas veces", recordó ayer en un artículo el diario El País. Habrá que ver si la de ayer fue la estocada final.
| Agencia DPA |


Dejá tu comentario