- ámbito
- Edición Impresa
“El ocio es una forma de resistencia al sistema”
Cristoff: «El mercado está en todas partes. Está en la literatura. Y bienvenido sea mientras se tenga la cintura para poder hacer, a pesar del mercado o gracias al mercado, lo que se quiere hacer».
Cristoff, graduada en Letras en la UBA, ha estado becada el año pasado como escritora residente en Leipzig, Alemania; lleva publicados, entre otros libros, las crónicas y ensayos «Falsa calma», «Geografías literarias: Patagonia», «Pasaje a Oriente», «Idea crónica», la nouvelle «Desubicados». Dialogamos con ella.
Periodista: ¿En qué se parecen sus libros de crónicas, de investigación con los de ficción?
María Sonia Cristoff:: Son narrativas literarias y por el modo en que las escribo, la importancia que les doy, y el método que utilizo son idénticas. Mi método es investigar. No soy ese tipo de escritor al que un día se le aparece una frase o una imagen. A mí se me aparece un problema o un tema que me interesa indagar, por el que me siento muy atraída o muy irritada. Eso me empieza a convocar, y empiezo a investigar en diarios, en libros, en entrevistas. Pasan tres o cuatro años y tengo miles de recortes y notas. En mi primer libro, «Falsa calma», que es un recorrido por los fantasmas de la Patagonia la investigación es explícita.
P.: ¿Así comenzó su novela «Bajo influencia»?
M.S.C.: Empezó como un libro sobre el caminar, como un ensayo narrativo. Después se convirtió en una novela sobre el caminar. Empecé investigando el caminar como práctica desde los inicios con Aristóteles, y fui pasando por cientos de escritores y filósofos que produjeron obras caminando. Así aparecieron los artistas caminantes. Y eso me llevó a lo que me convocaba: el estado del arte contemporáneo.
P.: ¿Cómo hizo para que de esa reflexión abstracta surgieran los personajes protagónicos, Cecilio y Antonia?
M.S.C.: Todos mis libros parten de un planteo abstracto y luego se convierten, por ejemplo, en una crónica. Luis Chitarroni me dijo: ¿cómo puede ser que la persona que piensa en términos más abstractos la literatura se dedique a escribir crónica? ¿Por qué no? Para mí, la literatura es el abordaje literario de un tema que me interesa. ¿Cómo se convierte en «Bajo influencia» eso en carne, en personajes? Creo que tiene que ver con el choque en la calle de Cecilio y Tonia al comienzo de la historia. Hay ahí algo del orden del azar. El Cecilio de mi novela es alguien que conocí un día de casualidad, una especie de diletante que vive cerca de mi casa y con quien tengo charlas esporádicas y muy breves cuando nos cruzamos.
P.: ¿Esa persona le dio las características de su personaje?
M.S.C.: Yo no quería trabajar con un artista del caminar. Y ni Cecilio es un gran artista, ni Tonia una gran narradora, es una especie de escriba que se pasa mejorando textos de otros. Hay en esa relación la tensión existente entre la cultura letrada y las artes visuales. Encuentros eléctricos no necesariamente positivos porque desde lo literario veo algo intrusivo de lo visual. No de lo visual en sí, porque me encanta el cine, la fotografía, el paisaje urbano. Lo que me molesta profundamente es la circulación de mercado del arte. No porque lo vea un cuco. El mercado está en todas partes. Está en la literatura. Y bienvenido sea mientras se tenga la cintura suficiente para poder hacer, a pesar del mercado o gracias al mercado, lo que quiere hacer. Las artes visuales por motivos que no voy a analizar tienen que ver con el mundo de las finanzas. Artes visuales también las hubo en el siglo XVIII y XIX cuando la novela era el género. Hoy todo deriva hacia lo visual. Y de eso me río en «Bajo influencia». Pero no quería confrontar emblemas. El representante de las artes visuales y la de la literatura. Ella, un genio reencarnación de Pizarnik. Él, un diletante que se vuelve artista visual. No, quería que los dos estuvieran en el mismo barro, en ése donde está la actual circulación social y de espectáculo de las artes visuales.
P.: A Cecilio lo hace epígono del artista belga Francis Al s.
M.S.C.: A Al s lo reivindico. Cuando empecé a leer las cosas que hacía, por ejemplo dar la vuelta al mundo guardando los tickets, pensé: mi Dios, por qué no se ponen a dibujar y cuando les salga bien la línea clásica que pasen a otro tema. Pero al internarme en su obra vi que sabe bien lo que hace, es muy inteligente y tiene un pensamiento personal sobre el arte.
P.: Cecilio es una versión criolla y devaluada de ese artista belga.
M.S.C.: Si bien como artista es, como Tonia lo llama en su diario, un «artista súbito», eso me parece poco interesante y no le tomo el pelo, no me ensaño en su impostura. Lo que me intriga en ese tipo de persona es que pueda ponerse afuera de casi todas las convenciones, como en una especie de resistencia pasiva. Alguien que se asoma a la ventana a ver llover en Buenos Aires a comienzos del siglo XXI es una especie de militante del ocio. Y el ocio es una de las formas de resistencia y de enfrentar al sistema, un modo de oposición al sometimiento. A esa actitud hacia el ocio de Cecilio, aunque no sea consciente, aunque no sea un militante, le tengo respeto. Y no es que diga que es lo que la gente tiene que hacer. Como todo quien escribe novelas estoy más llena de preguntas que de respuestas. Para mí esto es como poner el dedo en la llaga en muchas cuestiones. La del arte contemporáneo, la de cuáles son los sistemas económicos y sociales que hacen que ese arte exista. Y si no lo explicito todo eso es porque si no estaría haciendo sociología, y no me interesa.
P.: ¿Y qué le interesa en literatura?
M.S.C.: Las novelas que son propicias para pensar un montón de cosas. Por eso, a veces, la trama no es el colmo de la peripecia. La trama de esta novela se podría resumir en siete líneas.
P.: ¿A ver??
M.S.C.: A partir de un encuentro fortuito entre un hombre y una mujer se establece un vínculo que tiene mucho de maníaco, de mimesis, de manipulación. Ella es una treintañera, solitaria, una anacoreta urbana obsesiva del trabajo de intelectual, que para cumplir con sus doce horas de trabajo es capaz de no levantarse a tomar un vaso de agua. No se lo dice, pero ha estudiado Letras, y ni se plantea saltar hacia la creación. Trabaja en su casa porque no soporta las oficinas. Hace miles de trabajos con textos de otros: «editings» de novelas, ensayos, antologías, catálogos de arte, hace de «ghost writer», escribe a pedido, traduce, subtitula, todo ese mercado. Un día se choca con ese bon vivant diletante de cuarentipico de años que vive con su madre, y es un caminante compulsivo y ocioso. Tonia se pliega en sus caminatas. Eso comienza a desorganizarle la vida, a ella que es una controladora y nada se le había descontrolado jamás. Un día Cecilio entra en crisis porque su madre le dijo que tiene que hacer algo en la vida. Y trabajar es algo que a él jamás se le pasa por la cabeza. Tonia le dice: qué pena que no tengas una veta artística porque con lo que te gusta caminar podrías ser un artista caminante. Y a él se le prende la lamparita. Ella siempre subsidiaria de textos y creaciones de otros, le empieza dar cantidad de información, de ideas de caminantes en la literatura, el cine, las artes. Y aparece un día el nombre de Al s, y a él le encanta y decide replicar sus ideas. Y ella, como a su pesar, manipulada por él, lo acompaña en las performances que hace. Tres muy grandes. Una en la calle Florida, otra en el Museo del Traje, y otra en la que busca copiar lo que hizo Al s en la Plaza del Zócalo de México, y va a la Plaza del Congreso en medio de la Ley 125. Acompañar a Cecilio va sumiendo a Tonia en una crisis cada vez mayor, y al final desaparece, así comienza la novela. Lo que hace Tonia a partir de ahí con su vida lo cuento en la novela que estoy escribiendo ahora, divirtiéndome muchísimo.
P.: Bueno. Un poco más de siete líneas. Ahora bien, ¿cómo eligió a la narradora de la historia?
M.S.C.: La que narra la mayor parte del tiempo es Rosa, la mejor amiga de Tonia, que se apropia de las palabras de Tonia porque tiene que contarle todo a la madre de su amiga, que quiere saber que pasó con su hija que desapareció hace un mes, y no se sabe si está viva o muerta. Y luego aparece el diario que ha llevado Tonia, y los discursos confluyen en una manifestación de las influencias de unos sobre los otros.
Entrevista de Máximo Soto


Dejá tu comentario