El optimismo, ausente

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Uno de los fenómenos que aceleró la pandemia es la migración de la población de edad intermedia desde los centros urbanos más caros y densamente poblados hacia áreas suburbanas más pequeñas, baratas y con una mejor calidad de vida (mejor seguridad, educación, clima, naturaleza, menos impuestos, una actitud más amigable hacia el comercio, etc.). Esto es particularmente notable en los EE.UU. y en especial en ciudades como Nueva York, Los Ángeles o Chicago, que vienen experimentando una emigración neta de más de 50.000 personas por mes (duplicando los valores prepandemia). Hoy, el lugar favorito de la “creme” de Wall Street es la franja que va de Miami a Palm Beach, donde los precios se triplicaron desde que irrumpió el covid (este año se han vendido más de 10 casas valuadas arriba de u$s85 millones). Tradicionalmente la gente se mudaba donde había trabajo, pero con la irrupción del tele-empleo el fenómeno se invirtió (las empresas van donde se mudó el talento) o se quebró (van a donde el clima es más favorable para los negocios). En el año, unas 114 empresas abandonaron California -el doble que en 2018-, siendo el ejemplo paradigmático Tesla, que se mudó a Texas. Para cuando finalice este ciclo, las estimaciones son que entre el 9% y el 13% de toda la fuerza laboral yanqui se relocalizará (y no sabemos cuántas empresas), en un fenómeno que no se había visto desde los años 50. La contracara es que las grandes ciudades están recibiendo un influjo de gente más joven, sola, de menores recursos y educación, lo que se asocia a un incremento de la marginalidad y la criminalidad (a principios de mes, el Bank of America, New York, “recomendó” a sus empleados vestirse de manera inconspicua para evitar “aprietes” en la calle, el Citibank comenzó a ofrecer transporte privado a los que se quedan después de horas, etc.) Este traspasamiento social está frenando la recuperación de las ciudades, derivando en un incremento del asistencialismo y una caída de la recaudación, que las megaciudades intentan cubrir con mayores impuestos, retroalimentan el ciclo negativo en el que han caído. Seguimos mañana. El 0,29% que sumó el S&P Merval este viernes al cerrar en 83.234,04 puntos (los ADR cedieron en promedio 0,27%) no fue suficiente para evitar marcar una segunda semana consecutiva en baja, esta vez -2,58%. El operado en acciones en esta última rueda, $1.053 millones (repartidos entre 39 alzas, 6 sociedades sin cambio y 18 en baja), fue en tercero más bajo desde el 14 de octubre. Qué decir…

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