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“El Opus no es polémico, sino los prejuicios sobre él”
Joffé: admite que sólo hace este film por encargo, y se identifica con un pensamiento de Escrivá: «Aunque no lleguemos a santos, todos podemos tener una actitud de santidad en algún momento del día».
«El Opus no es polémico. Polémicos son los prejuicios sobre el Opus», coincidieron Joffé y su productor Ignacio Gómez Sancha. En cuanto a la génesis del proyecto, el director dijo «Me lo pidieron», y eludió decir quiénes se lo pidieron. «Él vino a España con la idea y ahí lo conocí», declaró Sancha, casualmente miembro del Opus y ex vicepresidente de la Bolsa, que allí mismo armó una compañía cinematográfica asociada con Antena 3 y un fondo de inversión abierto a variedad de participantes.
«No fue fácil. En Nueva York, por la crisis, nos cancelaron todas las ruedas previstas. Pero el mundo no se terminó, como algunos creían. Solo se achicó el campo financiero». No da cifras, pero el gasto parece grande. Film de época mayormente ambientado durante la Guerra Civil Española, rodaje con cinco cámaras 35 mm. en Luján, Constitución, Epecuén, Coronel Suárez, Tornquist, Sierra de la Ventana, 600 artistas, extras y técnicos, entre ellos Charlie Cox (con una pinta que Escrivá nunca tuvo), Wes Bentley, la chica Bond Olga Kurylenko (hace de húngara de las Brigadas Internacionales), Rodrigo Santoro, Geraldine Chaplin, Ana Torrent, Derek Jacobi, y los locales Pablo Lapadula (como Isidoro Zorzano, ingeniero argentino ya canonizado), Lito Cruz, Boy Olmi, el director de arte Eugenio Zanetti (feliz de trabajar en su país), la maquilladora Michelle Burke («La guerra del fuego», «Bram Stokers Dracula»), la vestuarista Ivonne Blake (cuatro Oscars entre los tres), y el mexicano Gabriel Beristain, director de fotografía, que se deshizo en elogios a nuestros técnicos: «un solo ejemplo, el invento del operador Matías Meza, adaptando la steady cam a un get-away, con lo que se ahorra muchísimo tiempo» («es un genio, hizo una herramienta fantástica», subrayó Joffé).
Iban a filmar en Polonia, que es más barata y con mayor apoyo del Opus Dei, pero esa clase de habilidades hizo la diferencia. Todo está cuidado al máximo, aseveran los conductores, incluso los aspectos litúrgicos e históricos ajenos al público común. «Siempre hago así. Para La misión tuve dos asesores jesuitas, uno de izquierda y otro de derecha». Se impone la pregunta, sin ánimo capcioso: «¿El Opus pudo proveerle un asesor de izquierda?», porque acá solo trajo al padre John Wauck. «El Opus tiene conservadores y no conservadores, en una proporción bastante equilibrada. Es cuestión de buscarlos».
Y otra: «¿There be Dragons es la respuesta oficial a El código Da Vinci, como dicen algunos?». «Sería una respuesta demasiado onerosa. Además, ni siquiera se alude a esa película», responde. «Es otra cosa. No una exposición formal de la institución, como también se ha dicho, sino un viaje espiritual de varias personas muy distintas, en una época turbulenta que provocó cambios extraordinarios».
No entra demasiado en honduras: «Además de aburrido soy un pecador, y no todos los días creo en Dios con la misma fuerza. Pero me atrae un pensamiento de Escrivá: aunque no lleguemos a ser santos, todos podemos tener una actitud de santidad en algún momento del día. Me interesa lo que hacemos para encontrar un significado superior a nuestra vida, y vivir con ese significado, de eso trata la película».
Y terminó bromeando: «A la salida hay formularios de inscripción». También abre el juego Gómez Sancha: «Creamos un espacio de libertad artística para él, porque si exponía lo mismo alguien directamente vinculado a la Iglesia el resultado no sería tan interesante».
Paraná Sendrós


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