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“El policial, que nunca fue un género canónico, hoy lo es”
Silva señala que su saga del sargento Bevilacqua “ya lleva tres premios literarios, de los de mayor prestigio en España; es llamativo que novelas de género consigan eso”.
Periodista: Con su novela "La marca del meridiano" conquistó el Premio Planeta, lo que le dio la bonita suma de 660.000 euros.
Lorenzo Silva: En España se aparta, en mi caso, 51 por ciento de impuestos. Es decir que uno se lleva la mitad del premio.
P.: Que no está nada mal, y menos por algo que habitualmente no es premiado de tal modo, como una novela policial.
L.S.: Es curioso porque en otros países está absolutamente descartado que una novela de género reciba un premio literario general. Una novela policíaca compite con novelas policíacas. No puede competir por un Bookclub o por un Booker, está descartado. En España el Planeta antes de mí se lo ganó en el 79 Vázquez Montalván, y en el 84 Francisco González Ledesma. Ésta es la tercera vez que lo gana una novela policial. Y en la saga del sargento Bevilacqua hay una cosa más curiosa aún, y es que la primera novela de la serie, "El lejano país de los estanques", ganó el Premio Ojo Crítico, el más prestigioso para escritores jóvenes. Y la segunda, "El alquimista impaciente", ganó el Premio Nadal 2000. Así que este personaje ya lleva tres premios literarios, de los de mayor prestigio en España, es llamativo que novelas de género consigan eso.
P.: Usted se presentó al concurso con seudónimo, pero cualquier jurado que empezó a leer y se encontró con los investigadores Bevilacqua y Chamorro enseguida supo que era una novela suya.
L.S.: El seudónimo no es para el jurado. Yo he sido jurado muchas veces en concursos donde participan autores consagrados, siempre con seudónimo. El autor no se está escondiendo del jurado. El año que se presentó Álvaro Pombo al Premio Nadal, y yo era jurado, tardé dos páginas en saber que era un libro de él. Que el jurado te conozca no sé si es bueno o malo. A veces es nefasto. Yo sabía que el jurado me iba a reconocer pero había algo que buscaba evitar y evité. Los diez finalistas del Premio Planeta se hacen públicos cuatro días antes del premio. Yo que he ido a la gala de los Premios Goya, y se lo ha llevado otro, sé apreciar lo que es competir sin que se sepa que estás compitiendo. Evitas las palmadas en el hombro o que te enfoquen las cámaras para ver si aplaudes al que se lo llevó.Cualquiera que se ponga en mi lugar lo puede entender.
P.: ¿Por qué cree que se ha producido el boom de la novela policial en Hispanoamérica?
L.S.: En un encuentro en Australia señalé las razones que creo que han llevado a que el policial haya adquirido trascendencia. Era un género que funcionaba pero parecía condenado a una cierta intrascendencia. Lo que explica que ganara densidad y peso es lo mismo que en la Generación de Oro de la novela estadounidense. Chandler, Hammett, Thompson, se lanzaron a escribir en los 30, con una gran crisis, el derrumbamiento del sistema, el cuestionamiento de los paradigmas y la necesidad de renovarlos. En ese derrumbamiento surgen autores que no sólo hablan del crimen sino también de cómo el crimen está agazapado en los pliegues de la sociedad y en un momento puede producir un derrumbe del sistema. Eso lo hemos vuelto a vivir en los últimos años. Cuando explota la burbuja económica se ve que detrás hay delitos, estafas. El policial pone el dedo en esa llaga, y lleva a un cuestionamiento del poder, de las bases económicas e intelectuales de cómo se estructura la sociedad. Un colega australiano me bajó a tierra. Me dijo que para él las novelas policiales despiertan en la gente un interés morboso por los delincuentes, los crímenes, las violaciones, las perversiones, lo truculento, la sordidez, el lado oscuro. A lo mejor se juntan esas dos perspectivas. El género las ofrece mezcladas y revueltas. A eso se suma editores avispados y unos lectores que han apostado de manera súbita por el género, que siempre tuvo sus lectores, pero nunca fue un género canónico, central, hoy lo es en el panorama editorial.
P.: Entre las singularidades de su detective Bevilacqua es que es uruguayo, estudió psicología, habla de Lacan y lee a Houellevecq.
L.S.: Tuvo una niñez rioplatense, luego lo llevaron a España. Y si abrió los ojos en Montevideo, a una cuadra del Río de la Plata, eso lo ha impregnado, le dejó una melancolía en la mirada, un dejo tanguero. Bevilacqua pertenece a una generación que tuvo acceso a la educación, y donde se llegaba hasta donde uno quisiera. Y si bien se tenía una excelente educación no se tenía posibilidad de acceder a puestos en correspondencia. La sociedad española no estaba preparada para asimilar miles de profesionales que salieron de golpe. Así surgieron personas infraempleadas. De cualquier modo la investigación criminal es un trabajo que requiere cualificación. En la Guardia Civil todo ese tipo de universitarios terminan ocupándose de esas cosas.Me gusta provocar al lector perplejidades que lo lleven a pensar.
P.: ¿No son muchas novelas donde Bevilacqua tiene como ayudante a Virginia Chamorro y nunca ha pasado nada entre ellos?
L.S.: Hubiera pasado algo si Chamorro se hubiera dejado. Bevilacqua, que es un hombre de historia sentimental fallida, quiere preservar la relación con Chamorro, cree que es "la mujer de su vida", y las mujeres en su vida han sido una puerta giratoria, así como han entrado han salido, y no quiere que pase eso con Chamorro.
P.: En "La marca del meridiano" un policía ahorcado, que fue maestro de Bevilacqua, lo lleva ainvestigar la corrupción policial, el dinero sucio y la trata de personas, ¿esconde una metáfora política?¿busca reivindicar a la Guardia Civil?
L.S.: Mi idea no es reivindicar nada, es contar una realidad compleja. Y parte de eso es que la Guardia Civil es la barrera fronteriza de España, por lo tanto es el objetivo número uno de los corruptores de policías. El título es una triple metáfora. Es ese meridiano arbitrario que inventaron unos tipos un día en Londres y que tiene efectos, esa línea imaginaria ha llegado a troquelar la mente, la historia del siglo XX. Y esa línea atraviesa la península ibérica y deja a Cataluña de un lado y el resto de España del otro. Es lo que los catalanes llaman la Franja de Oriente, y que ha llevado a más de un problema. El más importante sentido de la metáfora es que hay otras líneas imaginarias que tienen efectos demoledores: las que trazan los códigos éticos o legales. Qué es delito se decide convencionalmente, lo que en unas sociedades es delito, en otras es un ritual. Lo que interesa no es tanto qué pasa cuando una persona incumple una ley, o una regla de la institución a la que pertenece, lo que me importa es que lo que hacen les hace traspasar su raya interior, ese código que llevamos todos, porque los seres humanos somos seres morales. Y cuando se cruza esa raya, eso deja una marca. La ley no importa si no te agarran, el reglamento no importa mucho si no te pillan, pero no hay manera de que no te pillen cuando se ha traspasado el propio código personal, cuando se ha hecho aquello que en el fondo del corazón se sabe que no se debía haber hecho, y eso es lo que hacen los personajes de mi novela. La víctima hace lo que sabía que no debía hacer, y muere porque se cortocircuita, salta la marca del meridiano que forjaba su vida.
P.: ¿Habrá una nueva novela de la saga?
L.S.: La tengo en la rampa, porque acabo de terminar otro libro. Nunca hago dos novelas seguidas, siempre meto entremedio cosas muy diferentes. Luego de "La marca del meridiano" he publicado una novela juvenil, un libro de cuentos, y ahora sale el ensayo "Siete ciudades en África". Las novelas de Bevilacqua las tengo desde mucho tiempo atrás. La nueva tratará de la intersección entre el blanqueo de dinero de la delincuencia organizada internacional y la corrupción política en España.
Entrevista de Máximo Soto

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