Nueva York está organizando una exposición, "El príncipe y su época", donde se presentará un gran número de las ediciones más importantes del libro, junto con algunos documentos como la orden con que fue prohibido por el Santo Oficio en 1559. Ninguna ciudad europea quiere quedarse al margen de las celebraciones por una obra fundamental en la cultura de ese continente. Berlín, París y Londres, entre otras capitales, dedicarán jornadas enteras al pensador florentino cuya intención era dar lecciones de buen gobierno (pero también de astucias para eliminar a los enemigos) inspirándose en la gesta de César Borgia, que por esos años trató de unificar a sangre y fuego a la península itálica.
Es curioso que "El príncipe" sea junto con el "Pinocho" de Carlo Collodi el libro italiano más traducido (aunque tal vez no el más leído), más que "La divina comedia" de Dante Alighieri.
Para muchos estudiosos, lo que hace de "El príncipe" un texto actual y vigente es su capacidad de imaginar "una política que se coloca fuera del Estado, que lo precede y lo instaura pero sin coincidir con el poder constituido".
En un momento en el que el concepto de Estado entra en crisis, Maquiavelo da "una lectura desprejuiciada del poder que se ejerce no a través de las instituciones sino de un partido o una persona que adquiere y ejerce el poder contra fuerzas adversarias, valiéndose de tácticas y estrategias de potencia y capacidad hegemónica".
Cabe recordar que la Italia del siglo XVI era un país dividido en pequeños principados y señorías, sin contar los dominios papales, que se peleaban entre ellos con la ayuda de cualquier potentado extranjero que se sintiese libre de pasearse con sus huestes por el país, desde el emperador austroespañol Carlos V a reyes de Francia como Francisco I. En este deseo de imitar a las grandes naciones europeas de la época, como España, Francia e Inglatera, que habían logrado unificar sus dominios bajo un único soberano, se inscribe el proyecto de César Borgia de invadir algunos feudos de la Italia central para unirlos a los terrenos pontificios bajo el dominio de su padre, el papa Alejandro VI.
Pero con la muerte del Papa, en 1503, el sueño de César se haría añicos y el gentilhombre terminaría sus días en la España de sus antepasados, que le negó incluso un terreno consagrado a su sepultura.
Nada de ello impidió que "El príncipe" mantuviese su vigencia y fuese estudiado por personajes ambiciosos que utilizaron las máximas estratégicas maquivelianas como cínicas instrucciones para la toma y la conservación del poder.
| Agencia ANSA |



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