18 de marzo 2015 - 00:00

“El rock nos salvó a muchos de caer en la desesperación”

Laurencich: “Cuando uno tiene la cabeza con tantas cosas y no puede llevar a la realidad nada, o tiene miedo de ser quien es, yo creo que queda en esa trampa del pensamiento, de la ficción, convirtiéndose en un personaje de sí mismo”.
Laurencich: “Cuando uno tiene la cabeza con tantas cosas y no puede llevar a la realidad nada, o tiene miedo de ser quien es, yo creo que queda en esa trampa del pensamiento, de la ficción, convirtiéndose en un personaje de sí mismo”.
"Mi mayor intención al contar la historia de Andrea es mostrar lo nocivo que puede ser el miedo en la vida de una persona", señala la escritora Alejandra Laurencich. Andrea tiene 13 años y se ha creado un personaje al que llama "Él", que es mucho más que un mero amigo imaginario, es una apertura a la fantasía en un tiempo que lleva al encierro. "Él" está formado con retazos de todos los hombres que ella admira o conoce y le gustan. Inesperadamente la compleja y violenta realidad de mediados de los años 70 irrumpe en su entorno familiar y el personaje de ficción no es lo mejor para ayudar en esos casos, aunque se crea lo contrario. Ese es el punto de partida de la intensa novela "Las olas del mundo" de Laurencich, que acaba de publicar Alfaguara.

Alejandra Laurencich ha publicado los libros de cuentos "Coronadas de gloria", "Historia de mujeres oscuras", "Lo que dicen cuando callan" y la novela "Vete de mí. Desde 1992 dirige talleres literarios de escritura creativa que han ganado merecido prestigio, fruto de los cuales es su libro "El taller. Nociones sobre el oficio de escribir". Es fundadora y directora de la revista literaria "La Balandra, otra narrativa", premiada por el Fondo Nacional de las Artes como una de las tres mejores revistas culturales del país. En un bar museo de la fotografía del barrio de Chacarita, nos juntamos a charlar con Alejandra Laurencich

Periodista: ¿Cómo surge la idea de contar la historia de una nena que se inventa un personaje de ficción?

Alejandra Laurencich: La historia de "Las olas del mundo" tiene mucho que ver con mi primera intención narrativa, con mi deseo de contar algo que se convirtió una novela de 800 páginas. Antes de eso yo escribía poesía, descargas de sentimientos. Si me lancé a escribir narrativa fue para contar una historia fantaseada durante muchos años en común con mi hermana. Desde que éramos chicas hasta los 15 años jugábamos con la vida de ese personaje. A los 23 años, después de que tuve mi primera hija, esas historias volvieron. Empecé a fantasear nuevamente con ese personaje imaginario al que llamaba "Él". Me daba pudor tener una hija, vivir una vida normal, y andar en la cabeza con un personaje al que le inventaba historias. Nunca lo relacioné con que se trata de un personaje de ficción y hay que sacarlo. Y así empecé con esa novela, que me llevó dos años, y se llama "Días sin gris". Pero para escribir esa historia tenía que darle como un marco. Intuitivamente tenía idea de lo que es una estructura narrativa. Pero esto, pensé, para justificar esta historia, tendría que inventar al personaje que la cuenta. Y ahí inventé a Andrea, que lleva el nombre de mi abuela materna, y su círculo de compañeras del colegio de monjas. Yo era principiante en narrativa y lo hice muy mal, conté toda la historia de Andrea y toda la historia de "Él", pero en ningún momento decía que "Él" era un invento de Andrea, el lector se enteraba en las últimas páginas, el mazazo venía al final. Se decía, ah, pero esto era invento. La novela estuvo a punto de ser publicada, menos mal que no salió. Después entré a hacer taller con Liliana Heker, estuve diez años con ella. Salieron mis otros libros. Y con el tiempo, en 2002, me dije esa historia que conté tendría que contarla bien, y lo más importante sería mostrar el proceso de ficción. La construcción de la ficción y por qué esta nena inventa la ficción, para defenderse del momento en el que vive, una especie de salvoconducto a un mundo idílico. La realidad es la dictadura del 76 en la Argentina, un colegio de monjas, un entorno de gente a favor de la política de los militares, y ella se hace su propia grieta donde se filtra, y cae en esa ficción que inventa y que termina como devorándola.

P.: ¿Por qué su personaje pretende que su ficción intervenga en la realidad?

A.L.: Andrea, al no poder tener una realidad tan satisfactoria como la que le da su ficción, y el terrible miedo a ser quien es, la llevan a quedarse dentro de ese mundo. Recuerdo que Carl Sagan escribió que no hay nadie en toda la vastedad que pueda librarnos de nosotros mismos. Cuando uno tiene la cabeza con tantas cosas y no puede llevar a la realidad nada, o tiene miedo de ser quien es, yo creo que queda en esa trampa del pensamiento, de la ficción, convirtiéndose en un personaje de sí mismo.

P.: ¿La novela le permitió realizar una evocación personal de la época que comienza en 1976?

A.L.: Yo en 1976 tenía 13 años, la misma edad que Andrea. Son momentos que recuerdo, con Monzón en la tele, el programa de Neustadt. Después hice una investigación de la época. Me ayudó el libro "Decíamos ayer" donde están las tapas de los diarios y revistas de ese tiempo. Yo necesitaba la mirada de una nena que no era militante, que sus perspectivas eran lo que decían los diarios, lo que se decía en la calle, lo que comentaba su familia, los vecinos que reclamaban la llegada de los militares. Todo lo que se dice en mi novela de carácter informativo es real, es lo que se decía en la prensa.

P.: Usted destaca y valoriza al pasar la presencia del rock nacional, que crece en esos años.

A.L.: Creo que el rock nos salvó a muchos de caer en la desesperación. Era un lugar de encuentro, donde las letras nos representaban. La gente que siguió el rock en esa época, la de Almendra, Manal, Moris, no sólo tenía una sensibilidad muy grande sino también ganas de que el mundo cambie. Había pocos lugares donde uno podía ser uno mismo. Ese es uno de los ejes principales de la novela, lo que le pasa a una persona que cuando se inicia el momento de mostrar quién es tiene que transformarse en quien no es para poder seguir adelante, entonces encuentra la herramienta de la ficción, para volcar ahí toda esa pulsión de vida que tiene, de su deseo de crear. Andrea es una especie de escritora sin serlo. La dominación del miedo por lo que a ella le pasó, termina casi sepultándola, pero no quiero anticipar datos de una trama que es fuerte, y donde hasta en la última página hay revelaciones. Le digo al lector enfréntese a conocer lo que le pasó a esta nena que después se convierte en mujer. Es una novela que pasea por toda una época, por muchos años de la Argentina, desde un lugar entretenido, si se quiere. En la presentación de "Las olas del mundo", Guillermo Martínez destacó que el enfoque de esta novela es perspectiva original sobre los años de la dictadura, que no cae en los lugares donde caen la mayoría de los relatos. Eso tiene que ver con las varias líneas narrativas que hay en la novela. Finalmente, es la posibilidad de ver lo que hace alguien que fue atravesado por el miedo, y prácticamente paralizado, en cuarenta años de vida. Mi mayor intención con esta novela es mostrar lo nocivo que puede ser el miedo en la vida de una persona.

P.: ¿Con quién siente relacionada su literatura?

A.L.: No sé, uno está tan solo cuando escribe, a mí me vienen a la memoria, por ejemplo, el "Austerlitz" de Sebald, "Nunca me abandones" de Ishiguro, o "En busca del tiempo perdido" de Proust, esas cosas que me marcaron, esas historias que tienen que ver con mi mirada sobre el mundo y con una sensibilidad. Con cierta nostalgia por lo que se puede, y saber que son irreparables las cosas. Yo me siento identificada con ellos. En Argentina, a veces me ocurre que leo, por ejemplo "Una misma noche" de Leopoldo Brizuela, que siento un lugar de encuentro, me siento identificada con ese chico, con las cosas que se ven en la infancia, que pasan frente a nuestros ojos.

P.: ¿En qué medida le ayudó dirigir talleres de escritura creativa y hacer la revista liteararía "La Balandra"?

A.L.: El dar clases me enseñó a dar clases. Hoy hay escritores que salieron de mis talleres, que han ganado premios, tengo lista de espera, tomo a quien quiero, me puedo dar esos lujos. En cuanto a la revista, todo ayuda a todo. Gracias a "La Balandra" mucha gente me conoció. Lo único de lo que me quejo es que cada vez tengo menos tiempo para escribir, y es lo único que quiero hacer, tengo muchas historias que están ahí, esperando para contarse o para ser pulidas. No es que me falten historias, tengo mucho que quiero decir, ¿pero cómo se hace? Es muy lindo ganar plata, estar bien considerado, que te llamen con propuestas interesantes que uno se tienta, pero realmente añoro el tiempo de escribir con plenitud.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

A.L.: Terminé unos cuentos que me encargaron. Uno sobre la adicción al Facebook. Y tengo dos novelas empezadas, a las que le falta sacar mucho y después pulir.

Entrevista de Máximo Soto

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