17 de septiembre 2012 - 00:00

El sur también existe para la música tanguera

Pablo Agri, uno de los muchos consagrados que participaron en el II Encuentro Federal de Tango.
Pablo Agri, uno de los muchos consagrados que participaron en el II Encuentro Federal de Tango.
«II Encuentro Federal de Tango». Con las participaciones de Guillermo Fernández, Alicia Vignola, Pablo Agri, Pablo Mainetti, José Colangelo, César Angeleri, Cristian Zárate, Mora Godoy, Osvaldo Piro, Lidia Borda, Alberto Podestá y otros. (Centro Cultural y teatro Español de Comodoro Rivadavia; 14 al 16 de setiembre). 

Comodoro Rivadavia - «El tango no sirve para nada, salvo para ser argentino». Las palabras pertenecen al Director Nacional de Artes, el músico José Luis Castiñeira de Dios, y fueron escuchadas en la apertura del II Encuentro Federal de Tango que acaba de concluir en la ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia -el primer encuentro había tenido lugar el año pasado en La Falda, Córdoba-. Desde esa perspectiva, se entiende el apoyo de los estados nacional, provinciales y municipales de distintos lugares del país a un género que no está entre los que convocan la mayor cantidad de público.

Es en ese marco que las palabras del funcionario adquieren un sentido político, cultural y hasta casi filosófico, y que se justifica que cientos de personas se movilicen para participar en estas juntadas tangueras. Con ese criterio de pensar al tango como una manera de ser argentino y que en consecuencia debe ser sostenido, a veces como si fuera una especie en vías de extinción, es que la Secretaría de Cultura de la Nación lleva adelante su «Plan Nacional de Promoción del Tango» que, además de estos encuentros anuales, realiza una serie de actividades en todo el país.

Unos cuantos artistas de alcance nacional -aunque, mejor, deberíamos decir internacional- son el «gancho», el atractivo central, el punto de referencia. Esos artistas -músicos, cantantes, bailarines- y también productores, se mueven hasta el lugar del encuentro -esta vez, Comodoro Rivadavia- para llevar su arte y su caudal informativo y transmitirlo en actuaciones, en charlas y clases que van teniendo lugar en una intensiva agenda de tres días.

Llegan además bailarines, músicos y cantantes desde diferentes provincias, para ser parte de esas charlas y clases y tener su pequeña exposición en los shows nocturnos. Si todas las provincias pudieran o quisieran apoyar a sus coterráneos, la reunión debería implicar a enviados de toda la geografía del país; en rigor, esta vez fueron diez los distritos representados -varios menos que la primera vez-, quizá algo asustados por distancias que en el caso de los traslados terrestres puede implicar viajes de mucho más de un día, como ocurrió por caso con los que llegaron desde Tucumán o Mendoza.

Si el sentido de esta inversión económica y de recursos humanos es fomentar esa argentinidad cultural que expuso Castiñeira de Dios rodeado de otros funcionarios de distintos puntos del país, lo que sucedió cada noche sobre el escenario del teatro Español debería ser un hecho secundario. Pero no lo fue por dos razones. En principio, porque aunque signifique apenas un contacto de artistas noveles y/o semiprofesionales con la primera división del tango, ese contacto es indudablemente muy valioso. Pero además, es un hecho cultural en sí, por cierto más ligado al mundo del espectáculo, que en tres días consecutivos pasen por esta muy bonita sala ubicada en pleno centro de la ciudad del petróleo, para actuar gratuitamente, artistas como los que fueron en este caso parte.

Tanto en la puesta atrevida y algo contreversial de la operita «María de Buenos Aires» de Piazzolla-Ferrer -responsabilidad de Carlos Palacios- con que abrió artísticamente el encuentro, como en los dos shows siguientes, el desfile de grandes figuras fue constante. El violista Mario Fiocca, el bandoneonista Pablo Mainetti, el guitarrista César Angeleri, el pianista y director Cristian Zárate, el flautista Alejandro Santos, el contrabajista Daniel Falasca, el violinista Pablo Agri o el pianista y director José Colangelo, fueron algunos de esos grandes nombres que jugaron con humildad pero con enorme talento papeles no siempre privilegiados.

Y estuvieron los solistas que se llevaron los aplausos más cerrados del público que acudió al teatro en cantidades menores a las que hubieran merecido todos ellos. En el listado de quienes hicieron su aporte al frente del escenario estuvieron Guillermo Fernández y Alicia Vignola -las voces de la operita-, el actor Gerardo Baamonde -con un clownesco relator en «María...»-, Lidia Borda, Gabriela Rey, Osvaldo Piro y las bailarinas Johanna Copes y Mora Godoy con sus respectivos partenaires, quienes compartieron cartel, escenario, comidas, tenidas tangueras y milongas de trasnoche con enviados provinciales de todos los niveles. Y mientras el mundo tanguero se conmovía, pese a lo muy avanzado de su edad, por la muerte en plena actividad del bandoneonista Pascual «Cholo» Mamone, el también longevo Alberto Podestá -en pocos días cumplirá 88 años- hizo temblar en la noche del sábado el teatro Español con sus interpretaciones de altísimo nivel de «Percal», «Pedacito de cielo» y su clásico «El bazar de los juguetes».



* Enviado Especial

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