10 de diciembre 2010 - 00:00

“El tango de los ’40 es el que nos sigue representando”

Ardit sobresalió como la voz de la orquesta El Arranque y ahora actúa con su propia orquesta típica. Sostiene que al tango se lo dio por muerto muchas veces y siempre está reformulándose.
Ardit sobresalió como la voz de la orquesta El Arranque y ahora actúa con su propia orquesta típica. Sostiene que al tango se lo dio por muerto muchas veces y siempre está reformulándose.
En abril pasado, el cantor Ariel Ardit -cordobés, 36 años, a quien comenzó a conocérselo en el tango como la voz de la orquesta El Arranque- grabó un disco en vivo junto a su propia típica. De ese concierto con excelente convocatoria, resultó un CD y un DVD en el que homenajeó «A los cantores» -tal el nombre del álbum- que hicieron historia en las décadas del 40 y 50. Cerrando el año y a pocas horas de actuar el próximo sábado en el festival de tango de Justo Daract, en San Luis, Ardit redobla la apuesta en Buenos Aires con esa misma orquesta típica dirigida por el pianista Andrés Linetzky, hoy en el teatro El Nacional. Ese concierto y la actualidad de un género que siempre se debate sobre su supervivencia, son motivos del diálogo con el cantante.

Periodista: ¿Sigue habiendo público para el tango?

Ariel Ardit: Público hay, por supuesto, pero cuesta encontrarlo. Además, el tanguero está acostumbrado a escuchar tangos en la radio o en las milongas pero no tiene la costumbre de ir a un teatro. Por supuesto que no estamos hablando de una música masiva; es un género que tiene poca difusión y eso no ayuda. Pero yo tengo personalmente la experiencia de haber llenado el ND/Ateneo en abril cuando todos pensaban que era imposible; eso quiere decir que, convocándolo, el público está.

P.: Usted ha vuelto al formato tradicional de la orquesta típica y a un estilo bailable. ¿Es obsoleta la dicotomía entre tango para bailar y tango para escuchar?

A.A.: Esa dicotomía se dio en tiempos en que el tango dejó de ser una música popular y hubo músicos, con Piazzolla como la figura más destacada, que empezaron a hacer una música instrumental, de concierto. Se dejó de pensar en el bailarín. Fue un proceso que tuvo que ver con muchas cosas; entre ellas, con que el tango quedó opacado por otras músicas como la del Club del Clan. Los cantores tuvieron que salir a actuar en las cantinas para poder sobrevivir y las orquestas no tuvieron más espacio en los bailes. Creo que eso del «tango de concierto» tuvo que ver más con una necesidad laboral que terminó haciéndose una cuestión estética. En algún sentido, fue bueno, porque aparecieron propuestas como el Quinteto Real, el Sexteto Mayor, la orquesta de Federico, más allá de Piazzolla, por supuesto.

P.: ¿Y por qué esta vuelta a las orquestas y a al tango tradicional siendo que tampoco hay tantos espacios donde tocar?

A.A.: El arte es siempre cíclico. Y así como se vuelve al pantalón oxford se vuelve

al tango de otra época. Debe de ser el género al que más veces se lo dio por muerto; y por lo menos una vez al año hay una discusión en los medios sobre si el tango ya murió. Sin embargo, ahí está, volviendo sobre sus pasos, buscando en su propia historia. A artistas como yo muchas veces se nos critica por tener una cierta postura arqueológica. Por supuesto que yo no soy ni Gardel ni Raúl Berón. Pero canto de este modo y en ese estilo porque es lo que mejor me identifica. El tango cantado también se sostuvo en artistas enormes como Julio Sosa o Rubén Juárez, cuando parecía que todo se terminaba. Después fue el espectáculo «Tango argentino» el que vino a darle una inyección de vida. Hoy, tanto yo como otros, nos sentimos atraídos por este modo y así me gusta expresarme. No pienso si es o no antiguo, y quizá en algún tiempo esté haciendo otra cosa. En el mundo, lo que sobresale del tango, lo que nos sigue representando, es el tango de los 40.

P.: ¿Pero cómo explica tanta producción tanguera, sobre todo de discos, siendo que no hay tantos lugares donde presentarlo ni tanto público para consumirlo?

A.A.: Hoy el tango se sostiene, en muy buena medida, en la autogestión. Es un género que sigue entusiasmando, aún sabiendo que muchas veces las grabaciones no tendrán siquiera donde presentarse. No es fácil hacerse un espacio, pero a la hora de hacer política, por ejemplo, el tango sigue sirviendo, porque hace quedar bien en cualquier lugar del mundo; y todos nos conocen por esta música.

P.: ¿El exterior sigue siendo una buena salida laboral para los tangueros?

A.A.: Sí, claro, aunque no en la misma proporción que unos años atrás. Ya no se cobran cachets tan jugosos, ni en Europa ni en Japón y no siempre las condiciones de contratación son muy buenas. Personalmente, estoy tratando de aportar al desarrollo artístico acá, actuando en ciclos en Buenos Aires o recorriendo el interior. Si lo pienso económicamente, quizá me convenga más irme de gira al exterior, pero artísticamente me reconforma más pensar en recorrer el país y llegar con el tango inclusive a lugares donde no es habitual que vayan los artistas.

Entrevista de Ricardo Salton

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