El tango se baila en los altares

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¿Qué tienen en común un saxofonista venido del tango y el jazz, un especialista en teclados antiguos, una coreógrafa multipremiada discípula de Martha Graham, una bailarina destacada de la escena contemporánea y un compositor suizo inspirado por el «2 x 4» y la música de los siglos XVI y XVII? La respuesta es un espectáculo original que congrega a todos ellos, llamado «Tangos Ecclesiásticos», y que luego de presentarse con éxito en Europa llega mañana a Buenos Aires, para brindar 5 funciones en distintos lugares de la ciudad, en todos los casos con entrada gratuita.

La música de estos 12 «Tangos Ecclesiasticos» le corresponde a Guy Bovet, la coreografía a Noemí Lapzeson, y la interpretación a Eduardo Kohan en saxo, Norberto Broggini en órgano (ambos residentes en Ginebra, al igual que la coreógrafa) y Romina Pedroli en danza. Las funciones serán mañana a las 13 en la Catedral Anglicana (25 de mayo 282), el viernes a la misma hora en la iglesia de San Juan Bautista (Alsina y Piedras), el domingo a las 20.30 en la Basílica de San Carlos (H. Yrigoyen y Quintino Bocayuva, Almagro) y el sábado 12 a las 20 en la Iglesia Presbiteriana San Andrés (Belgrano 579). También habrá una función dedicada a los alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires, en el Aula Magna de esa institución, el martes 8 a las 11.

La tournée, patrocinada por la Ville de Genève y auspiciada por la Embajada Suiza y el Ministerio de Cultura de la Ciudad, se completa con una presentación en la localidad bonaerense de Rauch (este sábado) y en Montevideo (el miércoles 9).

El origen de este espectáculo se encuentra en la iniciativa de Bovet de escribir un tango para órgano en cada uno de los tonos eclesiásticos. «Todos ellos» escribió «tienen una referencia a un repertorio eclesiástico, relacionado sobre todo con los tientos españoles (de ahí la causa de que los títulos estén en ese idioma). La mezcla del estilo religioso y del tango es interesante y sutil, y el contraste entre los extremos danza/música religiosa excita la curiosidad. Sin embargo esta ambigüedad siempre existió, tanto en el repertorio coral (misas medievales sobre temas populares) como en el organístico (partitas sobre corales en el estilo de danzas, en Buxtehude y el joven Bach, o piezas litúrgicas del barroco francés: pasacalles, etcétera)».

Una «vuelta de tuerca» de esta relación del tango con la música sacra la constituye el hecho de que el bandoneón nació en Alemania como una suerte de órgano litúrgico portátil destinado a acompañar las procesiones y cortejos, y tampoco conviene pasar por alto la presencia del organillo (u organito), en la iconografía tanguera. Ambos instrumentos, creados en Europa, forman parte del crisol de elementos que redundaron en el tango, la música representativa de Buenos Aires.

Lejos de los estereotipos del baile de salón, la coreografía ideada por Lapzeson apunta a una concepción poética del movimiento, sobre algunas de las piezas de Bovet arregladas para saxo y órgano por los intérpretes, y redondea lo que constituye la primera experiencia en que el tango y la danza contemporánea lleguen de la mano a los templos católicos y protestantes de Buenos Aires, buscando cerrar el círculo entre el viejo y el nuevo mundo.

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