"La vida es un misterio", sostiene Murakami, y lo prueba cómo comenzó a escribir y siguió escribiendo. Es lo que el escritor japonés, best seller mundial y reiterado candidato al Premio Nobel, sostiene en "El nacimiento de las novelas escritas en la mesa de la cocina", que sirve de prólogo a la publicación en español de sus primeras obras. Obras que en nuestra lengua han aparecido en un orden aleatorio, de modo desordenado.
Murakami era reticente a la publicación de sus obras tempranas. Considera que él se convirtió en escritor con "La caza del carnero salvaje", que recién será publicada por Tusquets el año que viene. Pero habiendo aparecido esas dos primeras nouvelles en inglés y japonés, bien podían aparecer en español. Acaso los reparos tuvieran que ver con que en esas obras tempranas se ven las claves de las que serán los yacimientos de sus narrativa. Murakami, un obsesivo melómano, en su adolescencia trabajó como empleado en una disquería, cuando se casó para no convertirse en un empleado y a pesar de endeudarse- puso con su mujer el Bar y Club de Jazz Peter Cat. Un día fue a ver un partido de béisbol y una gran jugada de un bateador estadounidense le provocó la "epifanía": "quizá también yo podría convertirme en novelista". Y decidió llevarla a cabo. Así surgieron las "novelas de la mesa de la cocina", que fue escribiendo al terminar su diaria labor en el bar. Cuando concluyó la primera la tituló "Happy birthday and White Christmas", uniendo el nombre de las dos canciones en inglés más difundidas en el planeta, y que los editores publicaron como "Escucha la canción del viento", relacionándola con el estilo posterior de titular las obras. La mandó al Premio para Escritores Noveles de la revista "Gunzó, y confiesa: "Escribí como un desafío lo que me venía a la cabeza. Jamás imaginé que pudiera quedar finalista a un premio. Si no hubiera sido así quizás no hubiera vuelto a escribir más. La vida es un misterio". Por el camino hubo "un signo", una paloma mensajera herida que rescató. Sintió que le advertía que ganaría el premio y que no dejaría de escribir. (Parece un cuento de Paul Auster). Para convertirse en escritor buscó su voz, su estilo.
Al primer borrador lo tradujo al inglés, para hacer simple, elemental, el lenguaje, y luego lo pasó al japonés. El procedimiento le otorgó un estilo, que señala que más tarde utilizó la escritora Agota Kristof. Y antes, cosa que no dice, Samuel Beckett. El primer escrito de Murakami cuenta de un aprendiz de escritor. Un estudiante universitario que vuelve a su pueblo de vacaciones y conoce un conjunto de personas curiosas. Su referente literario es Derek Heartfield un escritor estadounidense estéril que "una soleada mañana de domingo de junio de 1938 saltó al vacío desde la azotea del Empire State Building con un retrato de Hitler en la mano derecha y un paraguas abierto en la izquierda", sostenía que "la escritura perfecta no existe. De la misma manera que tampoco existe la desesperación absoluta". El narrador visita el "Jay's Bar" para encontrarse con el Rata, un muchacho que despotrica contra ricos siendo millonario. A partir de ese bar surgirán recuerdos, historia de sabiondos y suicidas (de mujeres suicidas), la búsqueda de rehacer relaciones sentimentales truncas, citas de clásicos y canciones de Los Beatles, los Beach Boys, Bob Dyan, entre otros. Es una historia fresca, divertida, jalonada de ironías y humor, que remite a escritores estadounidenses de la "generación perdida" y sobre todo al último de sus exponentes, Henry Miller. La obra que se inicia con las enseñanzas del inventado escritor Derek Heartfield (¿homenaje a Holden Caulfield?) concluye con el narrador visitando su tumba en un pueblo cercano a Nueva York.
"Pinball 1973" es la continuación de esa historia, un intento de saga, con el reencuentro del narrador con el Rata, dos hermanas gemelas, historias de amor y sexo "que aunque fallidas siempre enseñan algo, y es lo que permite seguir viviendo", y el ocio banal de competencias en máquinas de pinball. La historia fluye, se desliza, atrapa en las redes tendidas por un Murakami que comienza a avanzar en el arte de seducir al lector.
| Máximo Soto |


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