11 de agosto 2010 - 00:00

Elegía a una ciudad de México que ya no existe

Elegía a una ciudad de México que ya no existe
El escritor mexicano José Emilio Pacheco, consagrado con el Premio Cervantes, es conocido como coeditor de prestigiosas revistas culturales, traductor de Eliot, Beckett y Tennessee Williams entre otros, destacado poeta (ganador de los premios Octavio Paz, Pablo Neruda, García Lorca, Reina Sofía), autor de novelas y libros de cuentos, y de esta brevísima, curiosa y sorprendente nouvelle en doce capítulos, que ha provocado una inmensa legión de admiradores, que la consideran una pequeña obra maestra, entre los que esta el director Alberto Isaac, que en 1987 la llevó al cine con el nombre «Mariana, Mariana» y guión de Vicente Leñero. Más cerca, el grupo Café Tacuba, convirtió esa historia en la canción «Batallas».

Esta es la historia de Carlos, un chico que se enamora perdidamente de la madre de su compañero Jim, Mariana, que es amante de un alto funcionario. Los padres se enteran de lo que le ocurre a su hijo y lo obligan a ir a la Iglesia a confesarse, a ver un psiquiatra y a cambiarse de escuela. La familia entra en bonanza económica. Pasan los años y Carlos regresa para saber qué sucedió con Mariana y Jim. Le dicen que a su amigo se lo llevó a Estados Unidos el padre verdadero y que Mariana se suicidó. Pero como están demoliendo el viejo barrio, ya no quedan huellas y todo pudo ser un delirio de aquel Carlitos. Y en la lectura, sobre el final, uno cree oír a Carlos cantando gracias a Café Tacuba: «Por alto que esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo, que mi amor profundo no rompa por ti.

Pacheco utiliza esta historia púdicamente romántica para realizar un tributo a aquella ciudad de México que se fue trasmutando, que convirtió palacios en vecindades, que se transformó en esa urbe monstruosa que es hoy. El escritor recupera la historia en objetos, detalles, slogans, usos y costumbres. Y por ese pudor, que como lo mostró «Amores perros», parece no estar ya por ninguna parte. Hacia el final de su libro Pacheco lamenta: «se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia» Palabras demoledoras que expresan el profundo dolor de un poeta por una ciudad que ya no existe, pero que sobrevive en la memoria de quienes la han amado, de igual modo que sobrevive en Carlos el recuerdo de Mariana. Y como sobreviven la ciudad del pasado y alguna novia fantaseada en cualquier porteño con suficientes años como para recordar, cosa que ha otorgado su atractivo a esta obra más allá de su mero territorio.

M.S.

Dejá tu comentario