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“Emma Bovary se hundió por deudas, no por adúltera”
Como en sus no menos proféticas obras anteriores, en «Payback», su último libro, Margaret Atwood (Príncipe de Asturias de las Letras 2008) se adelantó a la crisis económica que hoy aterroriza al mundo.
En 1984 escribió sobre una sociedad fundamentalista en la que las mujeres son reducidas al status de cuidadoras de niños y sirvientes, forzosamente asexuadas y veladas. «El cuento de la criada» profetizó el régimen misógino de los talibanes en Afganistán y las discusiones sobre la vestimenta y los derechos de las mujeres musulmanas en Europa. Otra novela futurista, «Oryx y Crake», registra la destrucción de la Tierra por el calentamiento global, las pandemias y la ascendente ingeniería genética. Fue publicado en 2003 antes de la gripe aviar, de «Una verdad incómoda» de Gore, y de la revolución del genoma.
Ahora, en su ensayo, «Payback: Debt and the Shadow Side of Wealth» (Revancha: Deuda y el lado oscuro de la prosperidad), realiza un examen fascinante, absolutamente libre, sobre el equilibrio, la deuda y la venganza en la historia, la sociedad y la literatura, y dispara de nuevo contra algunas de nuestras ansiedades más frecuentes. Mientras la escasez de crédito hunde las aerolíneas y acorrala a los bancos, nadie puede escapar al espectro de la deuda.
¿Dónde guarda su bola de cristal?, le preguntamos. «Fue una coincidencia», protesta. «Escogí este tema hace varios años y al final terminé escribiendo el libro mientras sucedía la crisis de las subprime y el subterráneo se empapelaba de anuncios diciendo: 'Lo ayudaremos con su deuda', '¿Por qué pagar más?'».
El asunto de la deuda se le ocurrió cuando le pidieron que escribiera una «carta pública a América». «Me vi haciéndolo mientras las tropas estaban a punto de invadir Irak, y escribí: 'Por qué estás enterrándote a ti mismo en un gran agujero de deuda'. Tradicionalmente los imperios se expandieron hasta donde pudieron para defender sus perímetros, en un punto en el que algo está a punto de romperse». Después de reírse entre dientes añade: «Los bárbaros entrarán tarde o temprano».
La deuda la preocupó desde que recuerda. Sus padres vivieron la Gran Depresión. Eso, concluye, es el «arte perdido» de vivir de acuerdo «con las necesidades». Recuerda: «Se suponía que en la mesa no podíamos hablar de dinero, religión y sexo. El dinero me interesaba porque estaba prohibido, pero sabía que estaba allí». Pero no fue hasta que cumplió 8 años -con su primer trabajo- cuando el dinero se hizo real: «Mis padres habían trabajado desde muy jóvenes y no entendían por qué nosotros no debíamos hacerlo. Muchos de los 'trabajos infantiles' que yo hacía, hoy están clasificados como explotación infantil o no existen».
Más tarde, escribir le confirmó de inmediato su potencial: «Estuve encantada cuando publicaron mi primer poema. Me pagaron cinco dólares, seguro más de lo que pagan hoy», añade, riendo. Adulta conservó la frugalidad de sus padres: «Me convertí en victoriana, en la Universidad, porque fue la época por excelencia en que las tramas giraron en torno al dinero y la gente estaba empantanada en estallidos de capitalismo. 'Cumbres borrascosas' está guiada por el dinero: Heathcliff gana una fortuna y regresa para comprar la casa a sus anteriores dueños. A Bovary podría haberle ido bastante bien si se hubiera mantenido dentro de su presupuesto. No fue el adulterio, sino las deudas, lo que la hundió».
El capítulo central de su libro muestra cómo Patilludo. el tío rico del pato Donald, es el reflejo en el espejo del personaje del siglo XVI Fausto. Entre Marlowe y Dickens, la visión de la sociedad sobre la riqueza ha cambiado: para Fausto, el gasto libre es la condena; para Patilludo, es la salvación. Para nosotros es la norma. Durante los últimos 50 años hemos ido tan lejos en el gasto libre que la deuda ya no es temida sino socialmente aceptada: todo el mundo está en números rojos. Y mientras los victorianos reservaban la cárcel para los deudores, hoy podemos declararnos en bancarrota.
Pero ahora que los bancos comienzan a cortar los créditos Atwood cree que la marea está cambiando: «Desde que la gente aparece en TV para confesar, no que ha sido infiel a su mujer, sino lo endeudados que están significa que estamos regresando a un modelo en el que la deuda es considerada pecaminosa y el ahorro vuelve a ser valorado. En los ochenta, nadie llevaba ropa de segunda mano, y hoy el vintage es considerado chic».
El último capítulo de «Payback» propone una respuesta fuerte. La peor parte es lo mal que hemos tratado al planeta. Una visión aterradora, teniendo en cuenta el historial de Atwood en la adivinación. «Si la humanidad pudiera declararse en conjunto en bancarrota y dejar la pizarra limpia, lo haríamos. Pero no podemos: en lugar de ello debemos aprender a gestionar nuestra deuda y comenzar a pensar en nosotros mismos como elementos de una balanza, y estamos desequilibrándola de una forma extrema. No es una obligación moral, es una obligación física», sostiene.


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