- ámbito
- Edición Impresa
“En el tango y en el violín hay que practicar a diario”
El gran violinista Maxim Vengerov tocará esta noche en el Teatro Colón, en el marco del Abono Bicentenario.
Periodista: ¿Qué recuerdos guarda de sus actuaciones en la Argentina?
Maxim Vengerov: Fue algo muy especial. La primera vez fue cuando tenía 16 o 17 años, para tocar conciertos con orquesta, y volví más tarde para hacer recitales en el Colón, y allí fue cuando tuve mi primer contacto con el tango y me enamoré de esa danza. Muchos años después, en 2005, encargué un concierto donde además de tocar tango, lo bailaba [el concierto para viola de Benjamin Yusupov]. Sé que para ser un verdadero profesional en este baile se requieren al menos dos o tres años de estudio, un poco como en el violín: si no se practica todos los días no se llega a ser profesional. Aprendí unos pasos básicos en París con una pareja de argentinos, y fue realmente increíble. Es mi baile preferido. Estoy feliz de volver a tocar en el Colón, el teatro más bello del mundo, con su maravillosa acústica.
P.: ¿Qué significación tiene para usted el programa que va a tocar aquí?
M.V.: Es un programa que amo profundamente. Para mí Bach es un hito en la literatura violinística. La «Partita» es una obra dificilísima y contiene la bellísima «chaconne». Es como leer la Biblia, es un mensaje que llega directamente del compositor al público. La de Schubert es una de las sonatas más hermosas, disfruto mucho de tocarla, y por supuesto la fogosa sonata «Kreutzer», que toqué por primera vez cuando tenía 17 años, y me acompañó a lo largo de mi vida.
P.: Ya que hablamos de Bach, ¿cuál es su visión de la interpretación en instrumentos originales?
M.V.: Experimenté bastante ese terreno, trabajé con Trevor Pinnock que me alentó a incursionar en los instrumentos de época. Incluso grabé la «Toccata» de Bach en un violín barroco. Para mí fue una búsqueda interesante sobre el pasado y la tradición. Actualmente ya no toco instrumentos de época porque considero que puedo expresarme igualmente bien en un violín normal. Un Stradivarius es también un violín barroco con un nuevo «setting» que me permite tocar en salas para 2.000 o 3.000 personas, pero la investigación en los instrumentos de época fue muy importante para producir los colores que puedo producir ahora.
P.: ¿Qué puede decirnos acerca de su experiencia como director?
M.V.: Empecé a dirigir cuando tenía 26, la primera experiencia fue con la English Chamber Orchestra, con la que dirigí una sinfonía de Mozart. Me influyó el ejemplo de muchos músicos maravillosos que se convirtieron en directores, como mi mentor y compatriota Mstislav Rostropovich y Daniel Barenboim, y estoy contento de que Barenboim sea de la hermosa Argentina, él me contó tantas cosas maravillosas sobre ese país, y estar aquí me permite entender de dónde viene. Dirigir es hacer música, pero en una manera distinta de transmitir el mensaje musical. Cuando toco, cuando dirijo o enseño, me expreso a mí mismo y expreso la música, y es importante tener estas herramientas para hacer música.
P.: Recientemente tuvo lugar aquí el Segundo Concurso Internacional de Violín, y uno de los jurados fue su maestro Zakhar Bron.
M.V.: Sí, maravilloso maestro. ¿Quién ganó el concurso?
P.: Erzhan Kulibaev.
M.V.: Me alegra que haya cautivado a los argentinos. él ganó un premio en el concurso Weniawski en Poznan donde yo era presidente del jurado.
P.: ¿Qué recuerdos tiene de su aprendizaje con Bron?
M.V.: Somos muy buenos amigos ahora. Mientras estudiaba con él no era tan fácil, porque él es un maestro fantástico con un carácter muy fuerte. Mi relación con él es un poco de padre-hijo, pero ahora lo pasamos muy bien conversando y compartiendo música.
P.: ¿Qué opina de los concursos en general?
M.V.: Antes eran la única forma de ser visto. Hace 20 o 30 años no había muchos festivales ni lugares donde los jóvenes pudieran tocar, sólo algunos para las grandes estrellas. El concurso es el lugar al cual llega el joven músico y puede mostrar al público lo que es capaz de hacer, y también una manera de verlos abordar diversos repertorios. En un recital un músico joven puede elegir mostrar sus lados fuertes y esconder sus debilidades, pero en un concurso hay que mostrar la diversidad de repertorios, y de esta manera el público y el jurado ven al músico completo, no sólo las partes: de eso se tratan los concursos.
Entrevista de Margarita Pollini


Dejá tu comentario