1 de junio 2012 - 00:00

“En España hay que ver La Manga del Mar Menor”

«De la Argentina conozco desde Jujuy hasta Tierra del Fuego», dice Nati Mistral.
«De la Argentina conozco desde Jujuy hasta Tierra del Fuego», dice Nati Mistral.
Periodista: ¿Es cierto que ha viajado por medio mundo?

Nati Mistral: Y un poco más. Te digo lo que no conozco, que me es más fácil. De América Latina no conozco Honduras, Guatemala y Bolivia, de los demás todos. A Estados Unidos lo he recorrido hasta el norte, y he ido muchas veces a Miami, a Nueva York, a Los Ángeles. De la Argentina, de Jujuy a Tierra del Fuego; lo único que realmente siento que no he ido, que me queda por conocer, es el glaciar Perito Moreno, lo guardo como una joya.

P.: De los lugares que visitó, ¿cuál fue el más sorprendente?

N.M.: No porque esté ahora aquí, pero me sorprendió mucho la Argentina. Cuando vine en 1962 por primera vez, pensaba que venía a la América colonial, a la tierra de los aztecas y los incas, a la de los gauchos. Había leído cuando era jovencita un libro que ocurría en una ciudad de la provincia de Buenos Aires, tenía algo del «Martín Fierro» pero en prosa, y facilito. Recuerdo que me llamó la atención la ropa de los gauchos, uno era muy sabio, y se ponían a hablar y a comer asado en el medio del campo, y en un momento hubo una pelea con cuchillos. Cuando vine y me encontré que Buenos Aires era una ciudad como París, Copenhague o Berlín, me dije: pero, ¿adónde he llegado? ¿Dónde estoy? Me iba a la Plaza de Mayo a ver el Cabildo y me decía: pensar que creía que esta ciudad era así (ríe).

P.: ¿Qué lugar de Europa le produjo una gran impresión?

N.M.: Como país maravilloso y contrastante, Alemania. A ese país yo lo he visto en el suelo, porque acabó la guerra en 1946 y yo estuve allí en 1950, y en cuatro años estaba exactamente igual, devastado y destruido. Y así como lo he visto en el suelo, lo he visto resurgir. Viví allí desde los 19 años hasta los 28. Fui a cantar contratada para «Todo por el corazón» en el Circo Español, y la única de España era yo. En Berlín me enamoré por primera vez, que no pasó a más que hasta ahí. Allí vi la pasión de la gente por volver a tener un país por sobre las ruinas de su pasado. Y a eso yo, ¡chapeau!

Familia grande

P.: Cuando decide tomarse vacaciones, ¿dónde suele ir?

N.M.: Tengo una familia grande con chicos que han nacido en Estados Unidos, catalanes de origen. Mi marido era catalán. Recuerdo que un día le preguntaron: tío, tú que conoces el mundo entero, ¿dónde te gustaría vivir? Y mi marido dijo: ¿con dinero o sin dinero? Con dinero, tío, que no quiero andar de Crusoe en una isla. Con dinero, no hay nada mejor que España. Ten en cuenta que nosotros tenemos ahora 17 autonomías, que son 17 países, con lenguas distintas, como los vascos, los catalanes, los gallegos, con costumbres bien distintas. Porque España ha tenido la suerte y la desgracia de tener tantos montes que nos separan, que antes era difícil andar, pero ahora es muy fácil porque o vas en avión o hay túneles y carreteras, y eso ha creado mundos. Andalucía, que os recomiendo, no tiene nada que ver con Bilbao y con San Sebastián, que también son bien bellos, pero nada que ver. No es que digas, hombre, se parecen en esto o aquello, nada, en absolutamente nada. Ni de costumbres, ni de pensamiento, ni de formación de los pueblos, ni de manera de ser. España es hoy como era antes de los Reyes Católicos, un conjunto de reinos. Así que tengo lugares de sobra para darme vacaciones.

P.: ¿Hay un lugar que es el que más le gusta?

N.M.: Pues que todos. Como salí de España con 19 años, que no los tenía todavía, para cantar, bailar y recitar, y he estado recorriendo el mundo, me gusta encontrar eso maravilloso que no tiene otro lugar, que te lleva a recordarlo. Así que hay muchos lugares en los que puedo ser feliz, porque, además, el lugar te lo hace la gente, y soy de amigos por tantas partes. De Buenos Aires me gustan hasta la humedad, que te tiene el cutis siempre bien jugosito (ríe); la comida, que se ha vuelto tan variada; la manera de hablar, que me encanta. Mira, hasta me he tomado mucho del lenguaje de ustedes. En Madrid, que la vivo, me encanta y la sufro, a un chico le pregunté, no como decimos nosotros en España: qué vas a ser cuando seas mayor, sino en argentino: qué vas a ser cuando seas grande. Me dijo muy suelto: me pondré otra ropa, porque no seré pequeño (ríe). Siempre algo anda en mí de Buenos Aires, a veces la extraño, y si ahora vine para actuar, en noviembre para pasear porque esta ciudad me encanta.

P.: Usted dice haber recorrido el mundo, ¿estuvo en Asia?

N.M.: En Japón, en China. En África, en Egipto. En Oriente Medio, en Israel, me ha encantado Jerusalén, que es para volver. Y eso sí, en todos los lugares actuando y cantando. A los japoneses les gusta mucho lo español, en Tokio hay lugares donde bailan flamenco, y tocan la guitarra y cantan con sus tonos: «El beso, el beso, el beso en España», de un modo que me da mucha gracia. Cuando estuve en Filipinas aprendí a cantar en filipino, y si me lo pides ya te canto algo. Y cuando me cruzo en Madrid con una chica filipina le canto cosas de su patria, y se le saltan las lágrimas. Bueno, soy tan loca como para hacer cosas así.

P.: ¿Un lugar que recomendaría para no perderse de visitar?

N.M.: Ir a La Manga del Mar Menor, el Mediterráneo con Cartagena, en Murcia, donde tengo una casa, un sitio precioso para meditar y estar; allí puedes ir a ver lo que fue un teatro romano. Para juerga y diversión, Ibiza. Y si no, Marbella. Y si no, por donde quieras, Andalucía.

Entrevista de Máximo Soto

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