- ámbito
- Edición Impresa
En la búsqueda de los superávits
Pero la verdadera enfermedad crónica de la economía local es el continuo déficit fiscal. El déficit no es una cuestión ideológica, es un simple razonamiento aritmético. Si se gasta más de lo que se recauda esto debe financiarse vía emisión o endeudamiento. Lo demás es relato para la tribuna.
A julio del presente año, el déficit primario se incrementó un 37% en términos interanuales. La meta del déficit para 2016 anunciada es del 4,8% sobre el PBI. En julio dicho ratio se encuentra en el 3,9%. Sera realmente difícil cumplir con la meta propuesta, y sería realmente temerario (por no decir una locura) si para cumplirlo la variable de ajuste fuera la obra pública o una indiscriminada eliminación de subsidios.
El Gobierno nacional exhibe errores no forzados, medidas socialmente insensibles, y escasa muñeca política. Pero sería injusto responsabilizarlo exclusivamente por el estado de la economía. La administración anterior dejó un campo minado de problemas a punto de explotar, y el Gobierno actual debió fijar las prioridades para no alterar el mecanismo de relojería que es la economía argentina.
Atraso cambiario y cepo, nulo acceso a mercados de capital, pocas reservas internacionales, déficits comercial y fiscal, inflación estructural, y recesión económica constituyen la herencia sin beneficio de inventario que recibió el actual Gobierno.
Eficiencia
En tal sentido, el Gobierno fijó prioridades y los cuatro primeros problemas mencionados se encuentran controlados. Ahora es el momento de retomar el camino de los superávit gemelos. Estos representan una correcta administración y una eficiente política productiva y comercial.
El mayor éxito económico de los últimos 20 años fue lograr saldos positivos en materia fiscal y del comercio exterior. Quien llegó a sacarse la foto y usufructuarla políticamente fue el expresidente Néstor Kirchner, aunque la historia deberá reconocer que el costo y las bases de ese éxito las implementó el dúo Remes Lenicov - Lavagna, bajo la conducción política de Eduardo Duhalde.
En el contexto económico actual, pensar en una reducción del gasto público o en un aumento de impuestos como mecanismo de reducción del déficit fiscal tendría el mismo efecto sobre los niveles de actividad que la reforma impositiva del tandem De la Rúa - Machinea en 1999. Aquella modificación tributaria desalentó inversión y terminó por sepultar la débil recuperación económica que se insinuaba. Todos recordamos qué pasó dos años después.
Tensión
Tampoco una devaluación para ganar competitividad en el frente externo es recomendable. La inflación asoma como una de las variables que comienza a desacelerarse y no es conveniente generar una tensión innecesaria sobre ella.
Así, el camino pasa por tomar deuda de manera estratégica. El reingreso a los mercados de capitales, posarreglo con los "hold out" y en un contexto de tasas bajas, puede considerarse un acierto de esta administración. Se trata de no endeudarse para gastos corrientes sino para inversiones que modifiquen la estructura competitiva nacional.
En tal sentido, las emisiones primarias de los segmentos soberanos, subsoberanos y corporativos suman ya 29.460 millones de dólares, con tasas que van entre 5.75% y 9.75%
En el frente externo, además de mejorar la estructura competitiva, también es de esperar que la inestabilidad política de Brasil -nuestro principal socio comercial- finalice, y con ello recuperar un mercado donde las exportaciones acumulan ya casi tres años en caída.
Para todo esto el Gobierno necesita aceitar sus reflejos. Aunque no le guste a los ortodoxos, la economía depende de la política y no al revés. No alcanza con un solo ministro hábil en lo político como lo es el responsable de la cartera de interior. Hace falta una coordinación con la oposición responsable y una bajada de línea para el abandono de la simpleza de las planillas de cálculo.


Dejá tu comentario