18 de enero 2010 - 00:00

En medio de graves saqueos, alivian al golpeado Haití varios rescates milagrosos

Las terribles escenas de peleas por bienes saqueados en comercios de Puerto Príncipe preocupan a los socorristas internacionales, que temen que la violencia conspire contra sus esfuerzos.
Las terribles escenas de peleas por bienes saqueados en comercios de Puerto Príncipe preocupan a los socorristas internacionales, que temen que la violencia conspire contra sus esfuerzos.
Puerto Príncipe - El caos y la inseguridad amenazaban ayer la continuidad de las de por sí complicadas operaciones de distribución de alimentos en Haití, ya que la llegada de los camiones con paquetes de ayuda genera ya grandes desbordes y violencia. Esta urgencia impulsó al presidente Barack Obama a firmar una orden ejecutiva que autoriza el uso de las reservas de las Fuerzas Armadas para apoyar la misión humanitaria. En contraste, entre los miles de cadáveres que aún se encuentran esparcidos en las calles, la esperanza brota entre los escombros con varios rescates conmovedores.

Hasta el momento, los 43 equipos que trabajan en el lugar salvaron a unas 70 personas que estaban atrapadas entre las ruinas desde que el terremoto de 7 grados, en la escala de Ritcher, sacudió la empobrecida nación caribeña. Fuentes oficiales estiman en entre 140.000 y 200.000 las víctimas mortales de la catástrofe.

Hambre y desesperación

Ayer, seis personas volvieron a ver la luz del sol. El mayor rescate se produjo ayer en un supermercado. Según los servicios de seguridad estadounidenses y turcos, tres haitianos fueron liberados de las paredes del Caribbean Market, con heridas relativamente leves. Se trató de Ariel, una niña de siete años; Lamy, un hombre de 34; y Maria, de 50.

En un edificio de aduanas, un equipo israelí rescató a un funcionario haitiano. El hombre fue localizado y salvado por esta unidad después de estar atrapado 125 horas entre las ruinas de la oficina de aduanas. Poco después, un miembro danés de la Minustah, la misión de Naciones Unidas en Haití, salió vivo y en buen estado de salud de los escombros, según anunciaron los bomberos.

Mientras tanto, en el lujoso Hotel Montana, un grupo de españoles que participa en la búsqueda de supervivientes logró salvar a la propietaria del centro, Nadine Cardozo.

Esos «renacimientos» chocan con el hambre y la desesperación que se incrementa en las calles.

En un comunicado, Obama escribió que es «necesario aumentar los efectivos de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para una conducción efectiva de las misiones operativas, incluyendo las relacionadas con los esfuerzos de socorro en Haití».

El mandatario anunció que autorizó al secretario de Defensa, Robert Gates, y a la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano, para poner en actividad todas las unidades de reserva que fueran necesarias. «Por el momento, permitirá la movilización de personal médico para relevar a quienes están trabajando en el barco-hospital Comfort, y permitirá el despliegue de una unidad de Guardacostas que pueda brindar seguridad al puerto».

Muchos damnificados llevaban cinco días sin recibir ni un gramo de ayuda alimentaria, como es el caso de los miles de refugiados de Peguyville, que desde que ocurrió la catástrofe sólo vieron llegar un camión con agua potable.

En toda la capital comienzan a proliferar pancartas y letreros junto a los innumerables campos de refugiados con mensajes simples como «SOS» o «Help» escritos en varios idiomas, a veces acompañados de frases como «Necesitamos de todo». Se estima que alrededor de 600.000 personas están viviendo en carpas.

En los comercios del centro de la ciudad, los saqueos continúan casi con impunidad: grupos de jóvenes ingresan en comercios cerrados o almacenes, y arrojan desde el techo todo tipo de mercancías a los miles de personas que los reciben abajo. Los militares de la ONU pasan por delante sin intervenir, mientras que la Policía haitiana dispara al aire. Desde que comenzaron las revueltas, al menos dos personas murieron en episodios violentos. Un haitiano fue linchado por personas que lo acusaron de robo, mientras que el otro murió en enfrentamientos con las fuerzas locales.

Los sobrevivientes se quejan de que no recibieron ninguna ayuda, pese a que el aeropuerto de Puerto Príncipe soporta verdaderos atascos de aviones con cargamentos de ayuda humanitaria, como víveres y medicamentos. Los helicópteros surcan el cielo de la capital constantemente, y los damnificados los miran ansiosos por si traen ayuda para ellos, ya que en ocasiones sueltan paquetes de comida.

Durante la tarde de ayer, un convoy del Programa Mundial de Alimentos (PMA) hizo su aparición en Peguyville con un cargamento de galletas proteínicas, y su distribución generó un tumulto ante el caos provocado por el hambre y la desesperación. Por esa razón, nunca se anuncian con antelación dónde se suministrarán los alimentos.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA, DPA y EL MUNDO

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