- ámbito
- Edición Impresa
“En ópera hoy todos quieren superstars instantáneas”
Frederica von Stade: «en mi época todo era más acogedor, uno se sentía protegido, los agentes decían ‘no, esto deberías cantarlo dentro de dos años, hay que esperar’».
Periodista.: ¿La sorprendió la invitación del Colón?
Frederica von Stade: Sé que reemplazo a Susan Graham, que no podía venir. Tengo aún compromisos, sobre todo recitales, pero no demasiados, uno por mes, y la mayor parte del tiempo lo paso con mi nieta, de la que estoy enamorada. Pensé que nunca tendría la ocasión de ver el Colón restaurado y tan bello. Una de mis grandes alegrías siempre fue cantar en el Colón. Adoro el Metropolitan y el Colón. La acústica y también el público, mucha gente joven, y siempre recuerdo que a la salida había por lo menos una hora de saludos en la calle.
P.: ¿Tiene proyectos en ópera?
F.v.S.: Fui invitada antes de partir para participar de una ópera que aún no fue escrita, y la escribirán Terrence McNally y Jake Heggie especialmente para Joyce Di Donato. Jake me preguntó si yo haría un papel allí, y le contesté que con mucho gusto porque lo adoro y a Joyce también, y hay un reparto maravilloso. Aún no sé el nombre de la ópera, que es una creación para Dallas, calculo que para 2015.
P.: ¿En qué repertorio se sintió más cómoda?
F.v.S.: Siempre me sentí muy bien en los papeles franceses, porque viví en París, pero el compositor que está por sobre todos es Mozart, y entre sus papeles, por supuesto Cherubino, que en mi opinión es el más próximo a la personalidad de Mozart, un poquito malvado, gracioso, pequeño.
P.: ¿Y de los que no cantó, ¿hay alguno que le hubiera gustado abordar?
F.v.S.: No, porque siempre pienso que mi carrera fue más de lo que hubiera imaginado, y más de lo que merecía, lo que hice fue suficiente. Hice incluso algunos fuera de lo común: Mignon, de Thomas, que me encantó, Chérubin y Cendrillon de Massenet, Mélisande, Penélope en «Il Ritorno dUlisse» de Monteverdi.
P.: ¿Desde sus comienzos hasta hoy, percibió cambios en el mundo de la ópera?
F.v.S.: En mi época todo era más simpático y acogedor, uno se sentía protegido, los agentes decían «no, esto deberías cantarlo dentro de dos años, hay que esperar», se ocupaban de nosotros. En el Met, que es el primer teatro donde canté, había dos muchachas adorables detrás del mostrador, que me decían «Flicka, cómo estás, por aquí, por favor», y hoy se está detrás de muros, bloques, el negocio es más duro. Ahora hay que ser «superstar» desde el debut, y en algunas carreras eso lleva tiempo. No se es el mismo a los 25 que a los 35 o los 45, algunos aspectos del cantante de ópera se desarrollan, y hoy no se recibe ese tiempo de desarrollo. Hay que estar ya listo. Y al mismo tiempo, los jóvenes están mil veces más preparados de lo que yo estaba a su edad, y están listos para empezar. Yo estaba medio perdida cuando empecé, preguntaba «Dónde está el escenario?», o «¿Hay que cantar ahora?», era realmente ingenua.
P.: Se dice a menudo que el siglo XXI es el siglo de los directores de escena. ¿Lo siente así?
F.v.S.: Sí, un poco, y es por eso que estoy tan contenta de haber empezado mi carrera en el tiempo de los cantantes. Todos los días en el Met escuché a Tebaldi, Sutherland, Lorengar, Nilsson, voces, y también otros que no eran tan conocidos pero que eran extraordinarios, y también viví el tiempo de grandes directores de escena, como Ponnelle, Lavelli, Peter Hall, con ideas extraordinarias, nos empujaron en una nueva dirección. Ahora los grandes cantantes están volviendo a tener su lugar, porque antes que nada está el canto; para lo otro están el teatro o la orquesta, y el canto es lo que vuelve frágil todo eso, porque las voces no son perfectas, el clima, el aire, el cansancio, la emoción, afectan a las voces. Un violín está siempre ahí, pero la voz no siempre está ahí, y todo se ve en el rostro del cantante.
P.: ¿Qué significado tuvo para usted encarnar a la madre del condenado a muerte en «Dead Man Walking», de Heggie?
F.v.S.: Fue extraordinario y tan hermoso. En el principio el compositor me pidió que hiciera el papel de la hermana Helen Prejean, y dije que eso era para una joven estrella, no para una persona de edad como yo. Después me preguntó si podría cantar el de la madre de la víctima, y respondí que lo que prefería era hacer la madre del asesino. Y escribió dos escenas, una del juicio, y la de la despedida. Me permitió examinar el papel de madre en mi vida. Y lo más difícil como madre es ver que hay cosas que pasan a los hijos que uno no puede controlar, incluso cosas que están determinadas por decisiones de uno, es lo más duro del mundo. Además, es tan bestial lo que hacemos, no sirve para nada, ni impide los crímenes, es una idiotez. Estoy tan en contra de la pena de muerte, e intentamos mostrarle al público que no hay que hacerlo.
P.: ¿Qué consejos daría a los cantantes jóvenes?
F v S.: Esperar. No hay que tener una agenda, porque eso nunca funciona. Muchas veces las voces que llegan no son las más bellas: es la oportunidad, que juega un papel importante junto al talento y la preparación. Hay que ser fiel a uno mismo, no tratar de ser otro, y nunca forzar la voz. En esta época todo el mundo canta demasiado fuerte. Hay que confiar en la calidad de la voz, que en cuanto uno la empieza a forzar comienza a desaparecer, lo sé bien porque me pasó.
Entrevista de Margarita Pollini


Dejá tu comentario