10 de agosto 2018 - 00:00

Encrucijadas

La guerra entre los insurgentes hitíes (chiitas) y el Gobierno de Yemen generó a su vez una disputa entre la sunita Arabia Saudita y su enemigo chiita, Irán.

Teherán apoya a los rebeldes, razón por la que Riad se considera amenazado en su frontera.

Arabia Saudita también intenta frenar la influencia de Irán en otros países del mundo árabe, como Siria o Líbano.

En Siria, Teherán respalda a la dictadura de Bashar al Asad, perteneciente a la secta alauita, afín al chiismo.

En líbano, en tanto, influye a través de la milicia chiita Hizbulá ("partido de Dios"), considerada terrorista por Israel y Estados Unidos y acusada en la Argentina como autora del atentado de 1994 contra la AMIA.

Esa mezcla de intereses sectarios y geopolíticos dificulta un posible proceso de paz. Hace una semana, el enviado especial de la ONU para Yemen, Martin Griffiths, anunció las primeras negociaciones en dos años y dijo que quiere invitar a Ginebra a las partes en conflicto el 6 de septiembre.

Dejá tu comentario