11 de marzo 2011 - 00:00

Ensayo: debutan colectoras con una lista piquetera

Catamarca (enviado especial) - Se llama Natalia Soria, tiene 36 años, es referente del Movimiento Evita y el domingo encabezará la primera colectora K del extenso rally electoral de 2011, formato de acumulación de votos que el kirchnerismo planea usar en varios territorios y en particular en la provincia de Buenos Aires.

Soria se muestra en los afiches junto a Cristina de Kirchner y Lucía Corpacci, la candidata a la gobernación del kirchnerismo, pero tiene una boleta diferente que en su territorio, Valle Viejo, compite contra el Frente para la Victoria (FpV).

En las horas previas al cierre de listas, en febrero pasado, los operadores K le ofrecieron a Soria que baje su pretensión de competir por la intendencia de Valle Viejo y se anote como la candidata a senadora provincial en la misma boleta que Corpacci.

Pero la dirigente, que maneja unos 5.000 planes sociales financiados por el Gobierno nacional, no aceptó e inscribió el Frente Municipal Chacarero para desafiar al Frente Cívico de Jair Jalile y al FpV que postula a Julio Segura.

Explicación

La marca electoral que patentó Soria puede inducir a confusión luego de los duros cruces entre el Gobierno y el campo, pero en este caso tiene una explicación puntual: el distrito donde es candidata, en las afueras de Catamarca capital, es una antigua zona de chacras y de allí surge la identidad política «chacarero».

Con juego propio, al frente de esa colectora Soria logró colarse entre los cívicos y el FpV y asoma, según las encuestas, con chances de ganar la intendencia, aunque también por la división del voto peronista podría contribuir a que la boleta K oficial no logre destronar al clan Jalile que trata de preservar el control del distrito.

Así y todo, su lista podría ser clave en la pretensión del Frente para la Victoria de derrotar a Eduardo Brizuela del Moral en la disputa por la gobernación, porque al empujar la candidatura de la fórmula Corpacci-Mera aportaría votos imprescindibles para desbalancear una disputa que se proyecta incierta.

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