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Entre las telenovelas y la búsqueda de estatus
Noticias para los ricos, ficción para los pobres. Lo dice Luis Pedro España, que cuenta en «Detrás de la pobreza, diez años después» cómo los años de Hugo Chávez mejoraron en algunos puntos la calidad de vida de los más necesitados.
Con matices, claro. Y, generalmente impuestos desde la realidad política del Gobierno. Uno de éstos, por caso, es el que provocó la no renovación de la licencia de aire de RCTV (Radio Caracas Televisión) en mayo de 2007, que obligó a esa emisora a pasarse a señal de cable. A los pocos meses, Direct TV aprovechaba el nicho e instalaba el sistema de prepago (igual que el de las tarjetas telefónicas), para que los habitantes de los barrios más humildes y las urbanizaciones populares pudieran acceder a las telenovelas, el fuerte de RCTV. Esta forma de mucha gente de seguir enganchada en la ficción se cortó hace pocos días, con el segundo cierre impuesto por el Gobierno venezolano el pasado 23 de enero, que sacó del aire a RCTV en su versión de cable.
A pesar de ello, a esa base electoral chavista (estratos E y D) todavía le quedan algunos otros canales para acceder a la narrativa, como es internet. De acuerdo con la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, el 32% de los hogares venezolanos tiene conexión a la web. Pero estudios no oficiales señalan que 8 de cada 10 conexiones son hechas en Venezuela desde los cybercafés, un servicio relativamente barato (con 0,75 de dólar se puede navegar 5 horas). En cuanto al perfil de los internautas, 7 de cada 10 son pobres, jóvenes y estudiantes.
Respecto de las comunicaciones, en setiembre de 2009 había más líneas de teléfono móvil que habitantes (100,13%), según registró la Comisión Nacional de Telecomunicaciones. Dentro de ese guarismo se inscribiría un récord que hoy tiene Venezuela: la empresa Movistar vendió en el país de Chávez más unidades de blackberry que en toda España. Otras fuentes del sector ya señalan que ese boom coloca a Venezuela como el segundo país de América, después de EE.UU., en índice de «blackberrización». Una manera de acercarse al imperio, mal que le pese a Chávez.


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