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“Escandalosas”: del humor a la nostalgia
En “Escandalosas” todo parece indicar que Moria Casán y Carmen Barbieri quisieran ser recordadas, no por sus escándalos, sino por su innegable aporte a la Revista Porteña.
Con algo de nostalgia y muchas ganas de divertirse, Carmen Barbieri y Moria Casán se calzan sus personajes mediáticos y salen a escena a reírse de sí mismas y a demostrarle al público que son las dos últimas grandes divas de la Revista Porteña.
Ya no bailan como antes y han tenido la astucia de dejar que otros cuerpos, más jóvenes, luzcan sus curvas y exuberancias. Pero aun así dominan el escenario con sus presencias totémicas (kilos más, kilos menos) y su eficaz desempeño como capocómicas.
"Escandalosas" cuenta con numerosos cuadros de baile, varios cambios escenográficos y la participación de varios cómicos que además son cantantes y titiriteros. Sin embargo, lo más importante de este show es lo que tienen para decirse estas dos populares vedettes que han sabido explotar mejor que nadie los nuevos códigos del espectáculo popular, cada vez más ligado a los escándalos de la farándula.
Ambas se lucen en sus respectivos monólogos. El de Barbieri es más autobiográfico e incluye un breve diálogo con su hijo Federico Bal, en plan "non fiction"); mientras que Moria -fiel a su estilo- dicta cátedra sobre sexo e invita al desenfreno con un lenguaje tan picante y atrevido que pone incómodos a algunos hombres del público por sus francas alusiones a la sexualidad femenina.
Este espectáculo, creado por Barbieri, celebra el poderío y la autosuficiencia femenina y a la vez intenta revertir las reglas del género exhibiendo por igual la belleza semidesnuda de hombres y mujeres.
Barbieri se da el gusto de lamer y mordisquear el cuerpo de un bailarín colombiano ("yo me lo llevo al camarín ¿no dicen que el negro adelgaza?") luego de intentar seducir a una de las hermanas Xipolitakis. "Tal vez me vaya mejor con las mujeres que con los hombres", anuncia vestida con saco y gorra militar. Pero ante el rechazo, remata con doble intención: "Pensar que yo le enseñé a caminar, antes gateaba". Lo mismo que hubiera dicho un capo cómico de la vieja escuela.
Barbieri y Casán cierran el espectáculo con un eficaz sketch cómico en donde aparecen, ya ancianas, tratando de echar un manto de olvido sobre sus peleas de antaño. Pero antes de desembocar en una nueva disputa, recuerdan con emoción los momentos de respeto y camaradería que compartieron. Todo parece indicar que ambas quisieran ser recordadas, no por sus escándalos, sino por su innegable aporte a la Revista Porteña.


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