Mojada y temblando, una delicada mujer se abre paso a través del gentío para luchar por una plaza en un avión militar mientras sostiene en lo alto de sus brazos a un niño llorando. "Por favor, déjennos a mí y a mi hijo subir al avión", pide a uno de los soldados armados que bloquean a las miles de personas que ansían subir a un avión.
Todos quieren escapar de Tacloban, en el este del país. La capital de la isla Leyte ha quedado reducida a escombros con miles de muertos tras el paso del tifón y los supervivientes no saben cómo podrán salir adelante.
Una mujer cae de rodillas por pura desesperación sumida en sollozos. Los soldados acaban de explicar a la multitud que sólo unos pocos podrán volar para salir de la zona de catástrofe.
Una mujer transmite por la radio DZMM a su familia en Manila un mensaje ante la dificultad para contactar con sus seres queridos de otra manera. Espera, como todos los que la rodean, encontrar una plaza en un vuelo. "Papá está muerto, pero nosotros estamos bien. No se preocupen, ya estoy en casa de nuestra hermana y conseguiremos salir de Tacloban", les informa.
Muchos esperan poder salir rápidamente de la zona después de que ayer algunas compañías comerciales anunciaran que comenzarán a fletar algunos vuelos en Tacloban. El aeropuerto en la ciudad costera con 220.000 habitantes quedó seriamente dañado por Haiyan. Sólo han podido aterrizar aviones militares encargados de traer suministro y ayuda a los damnificados.
En el aeropuerto se ha improvisado un hospital con tiendas de campaña y tablas de madera. Cuatro días después del tifón sigue habiendo colas de heridos y enfermos que buscan asistencia médica.
Mientras, algunos en Tacloban se dedican a saquear las tiendas y transportes de ayuda por pura desesperación. Los supervivientes permanecen en shock y entre lágrimas hablan de sus pérdidas.
"Josie está muerta, por favor perdóname por habernos separado", relata un hombre llorando en el canal de televisión ANC. "Las olas eran demasiado fuertes para mí y acabé perdiendo a mi hija", agrega. Eso fue hace ya tres días y su mujer continúa aún desaparecida entre los escombros. Otro hombre quiere transmitir una buena noticia a sus familiares, pero sus palabras también llegan entre lágrimas. "Hermano, Junalyn tuvo el sábado un niño, pero no tenemos nada para comer. Mándanos ayuda", pide.
| Agencia DPA |


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