Escapó del melodrama buena historia de mujeres

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"Los insólitos peces gato" (México, 2013). Guión y dir.: C. Sainte-Luce. Int.: X. Ayala, L. Owen, S. Franc, W. Guillén, A. Baeza. 



Un gato de la suerte en una pecera y un mísero pececito perdido justifican para un niño la categoría de insólitos. El pobre está necesitado de sonrisas, lo mismo que el resto de la familia. Menos mal que son animosos, empezando por la madre. Y eso que se está muriendo. Se trata de una mujer atenta a sus cinco crías, cada una de distinto padre y casi todas mujeres: la mayor, seria y responsable, la gorda gruñona y fisgona, la nena que ya entra en la etapa de obsesionarse por su imagen (y se nota que va a ser muy linda) y un pichoncito que recién empieza la secundaria. Pero vamos a tardar un tiempo en conocerlos.


La película se abre con otro personaje: una empleada de comercio decididamente insulsa. Nos quedamos cortos: es voluntaria, obtusa, vocacionalmente insulsa. Insípida. Sin gracia alguna. Flaca, fea, flácida y otras cosas con efe. Muy poco sociable. Pasa el día en un supermercado que parece una cueva, descansa en una covacha, y cuando tiene un ataque de apendicitis termina en un hospital que parece una pensión vieja mal reformada. Pero corriendo la cortina junto a su cama, hay un grupo familiar. Será disfuncional, de pobretones medio impresentables, pero es un grupo familiar. Y la jefa de esa manada capta la soledad de la otra y se hace cargo. No lo dice, pero hace lo que seguramente espera que otros hagan con alguna de sus criaturas, cuando les toque sentir bien adentro la orfandad que les anda rondando.

Por ahí va la historia, entre sonrisas, pesares, confusiones y rezongos. Historia de mujeres, aguantes, aceptaciones. Cuando termina, la fea sigue fea y desabrida, pero ya nos cae un poco mejor, y miramos a todos medio con simpatía y hasta con una puntita de emoción. Muere la madre, por supuesto, pero eso se expone de un modo suave, sin griteríos ni llantos inconsolables. Su ejemplo de vida ocupa mucho más espacio. Asuntos como la hospitalidad, la pertenencia, el crecimiento, nos tocan más fuerte. Y todo está dicho con buen ánimo, hasta con buen humor, de un modo natural, reconocible. Otra persona hubiera hecho un melodrama de pañuelo en mano. Si fuera mexicana, un melodramón. Pues bien, la autora de esta película es mexicana, veracruzana para más señas, Claudia Sainte Luce, y prefirió darnos una comedia realista. Salvo por un detalle: la obra se dice inspirada en una experiencia que ella misma tuvo cuando veinteañera, y ella no es fea ni tan retraída que digamos. Del resto, una obra pequeña pero original, sincera y digna de aprecio. Más aún cuando vemos que es su primera película, y que casi todos los intérpretes son "no actores", muy bien dirigidos. Al principio no lo parece, pero vale la pena.

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