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“Escogí vidas que buscando belleza se topan con el horror”
Montoya: “Soy consciente de las bondades y limitaciones de la novela histórica, pero lo primero que sé es que estoy produciendo un artefacto literario”.
Periodista: ¿Por qué se instaló en el siglo XVI para hacer un "Tríptico de la infamia?
Pablo Montoya: Siempre me he ido al pasado para entender el presente, para realizar, por ejemplo, reflexiones sobre el exilio y la violencia. Así, para entender mis experiencias de exiliado en París escribí "Lejos de Roma", una novela sobre el exilio del poeta romano Ovidio, sobre la búsqueda de una voz propia en la poesía a partir de ese castigo. "Tríptico de la Infamia" me permitió rastrear, indagar, los traumas fundacionales de nuestra sociedad latinoamericana que comienzan en el siglo XV, pero se despliegan en el siglo XVI con civilizaciones aniquiladas y creadas por europeos, con una brecha instalada desde afuera para su beneficio. Me encontré con las guerras de religión en Europa, que es un trauma, una herida impresionante, y con el exterminio indígena de los que vieron mucho para llevarse. El convulsionado siglo XVI me ofreció las complejas relaciones en el Viejo y el llamado Nuevo Continente. Tres pintores europeos, Jacques Le Moyne, François Dubois, y Théodore de Bry me sirvieron para narrar una historia que es una reflexión sobre las relaciones entre el dolor y el color. Golpeados por la violencia representan en sus obras las tragedias que han vivido. La portada de mi libro ofrece un detalle de un cuadro de Dubois, que es un dramático ejemplo.
P.: ¿Cómo encontró esos artistas que ponen en imágenes la invasión europea a América?
P.M.: Fue mientras hacía mi doctorado en Letras en París. Los académicos franceses han investigado bastante sobre las primeras representaciones del indio en Europa. Al primero que encontré fue a Le Moyne que estuvo en Florida. Allí pinta indígenas, a los que antes se pintaba como monstruos según los comentarios que se hacían. Acaso el más importante sea Théodore de Bry, un grabador de Lieja, que fue el que ilustró la "Brevísima relación de la destrucción de las Indias" de Bartolomé de las Casas. Esos grabados son la primera denuncia pictórica, la primera imagen del genocidio que se estaba cometiendo en el descubrimiento y conquista de América. Durante los once años que estuve en París me dediqué a acumular documentos y ensayos sobre esos pintores poco conocidos. Todo empezó en 1995 cuando descubrí a Le Moyne y a De Bry. Recogí información, leí libros de historia en torno a sus vidas, novelas sobre el siglo XVI, viajé mucho, publiqué otros libros, y recién entre 2011 y 2014 escribí y corregí la novela. Me pasé 20 años con ella.
P.: ¿Esa larga elaboración es lo que lleva a que "Tríptico de la infamia" conquiste el prestigioso Premio Rómulo Gallegos, que antes han ganado varios colombianos?
P.M.: Cinco, entre ellos García Márquez y Fernando Vallejo. Jamás se me había cruzado que lo ganaría. Es un premio al que las editoriales envían los libros, y el autor no tiene nada que ver. El haber sido finalista ya significó mucho para mí. Pensé que se lo iban a dar a Diamela Eltit, la escritora chilena. Creo que fue un premio a mi novela, pero también un reconocimiento a mis veinte libros, a mis cuatro novelas. Siento que es un premio a una apuesta literaria, más que a esta novela al trabajo silencioso, oculto, de un escritor.
P.: Las tres partes de este "Tríptico" tienen estilos diferentes. Una es una mirada omnisciente, la siguiente un testimonio personal, y la última un relato polifónico, biográfico, con su intervención personal.
P.M.: En esa última parte hasta hay un narrador metaficcional que dice cómo está escribiendo la novela, cómo está siguiendo los rastros de ese artista. Mientras tenía sólo a Le Moyne y De Bry pensaba que daban para un par de cuentos, pero al encontrar a Dubois me di cuenta de que eran todos del siglo XVI, protestantes, que habían vivido las guerras de la religión y la conquista de América. Me interesaron porque son artistas menores, que no aparecen en la historia del arte, pero que están persiguiendo ciertos secretos estéticos. Y que fueron perseguidos por causas religiosas, exiliados, víctimas de la violencia. Son vidas que buscan la belleza y se topan con el horror. El primer título fue "Los pintores del nuevo mundo", pero me parecía rimbombante.Cada una de esas figuras ocupa una parte, la primera rápida, como una novela de viajes, de aventuras; la segunda, introspectiva, melancólica, un monólogo; y la última, un tema con variaciones. Hay una relación con la música (influencia de Carpentier), pero también con el tríptico pictórico clásico. Se puede leer de corrido, o por cada parte. Es como un tríptico del El Bosco, se puede ver en cada parte y en su conjunto. Y ese tríptico tiene un guiño a Borges, porque en este caso no es una historia universal sino una historia particular de la infamia.
P.: ¿Sus protagonistas le sirven para ofrecer una mirada crítica, marginal, europea de la conquista de América?
P.M.: Si bien es una novela hecha a partir de europeos es una novela americanista, no en cantar la grandeza primigenia de América, sino en mostrar la fisura que hay en nuestra fundación a partir de una tragedia colectiva. Si los españoles llegan y crean una nueva cultura, una nueva civilización, un mestizaje, una hibridación, es como ha ocurrido en la historia de las civilizaciones a partir del crimen. Llegan para educar a esos salvajes en la verdad de la religión que ellos le traen, de la buena nueva que entra a sangre y fuego para convertir al fanatismo que profesan. El genocidio se concretó por el asalto, el asesinato, el despojamiento, la destrucción, pero también por las enfermedades, los virus que traían los conquistadores, la esclavización, los maltratos en las minas y en los campos. Los modos de resistencia fueron los que pudieron. Unos se hicieron católicos para salvar su vida, otros eligieron abortar sus hijos, matarlos, o llegar al suicidio voluntario colectivo. Esos pintores europeos fueron testigos del exterminio y despojo que en nombre de la religión, de la civilización, se llevaron a cabo a ambos lados del Atlántico, en su tierra y en el fascínante nuevo territorio. De eso que vieron y sufrieron en carne propia, dan testimonio con las herramientas de su oficio los pintores de "Tríptico de la infamia". P.: Usted, además de escribir novela histórica, ha investigado cómo ha sido el desarrollo de ese género en su país.
P.M.: Escribí "Novela histórica en Colombia, entre la pompa y el fracaso" a pedido de la Universidad de Antioquía. Tuve que hacer un balance como académico. Soy consciente de las bondades y limitaciones de la novela histórica, pero lo primero que sé es que estoy produciendo un artefacto literario. No estoy sumando verdades históricas, estoy dando espacio a la imaginación pero partiendo de ciertas informaciones. Trato de informarme lo más posible sobre un tema, pero luego todo eso lo paso por el filtro de la imaginación, y lo acomodo a las exigencias del texto literario. Es que el pasado es tan intenso y el presente tan fugitivo que no sé si seguiré haciendo novelas históricas, es lo que hasta ahora he hecho a nivel novelístico pero siempre tomándome las libertades de escritor.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
P.M.: Una novela sobre mis días de estudiante de música en una escuela especializada de Tunja, cerca de Bogotá. Será una novela de formación.
Entrevista de Máximo Soto


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