6 de diciembre 2012 - 00:00

Estado de necesidad: evitar foco sciolista

No hubo criterios coherentes para definir ayer en el recinto la pelea por la vicepresidencia tercera de la Cámara de Diputados, cargo que más allá de la línea sucesoria en el Congreso, habilita nuevamente al bloque del Frente Amplio Progresista para un «upgrade» legislativo que incluye más despachos, contratos y otras comodidades vinculadas a ese rol institucional. La socialista Alicia Ciciliani fue ratificada gracias a los votos del kirchnerista Frente para la Victoria y de la opositora Unión Cívica Radical como parte de un nuevo capítulo de un histórico acuerdo tácito entre Haradicales y peronistas para repartirse no sólo cargos parlamentarios, sino también distintas dependencias del Estado nacional, provincial y municipal.

El principal argumento esgrimido en el recinto para ratificar al FAP en la vice tercera, y que fue defendido ante este diario incluso por Ciciliani, fue que la agrupación que lidera Hermes Binner resultó ser la principal fuerza opositora a nivel nacional en las últimas elecciones presidenciales. Es cierto. El candidato presidencial del FAP obtuvo el 16,81% de los votos ubicándose detrás de Cristina de Kirchner y superando a la UCR de Ricardo Alfonsín y a candidatos que ramifican al peronismo opositor, como Alberto Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde. La argumentación resultó, sin embrago, al menos cuestionable para el Frente de Unidad Peronista de Enrique Thomas, que impulsaba a Claudia Rucci para suplantar a Ciciliani. No se explica entonces por qué las huestes de Binner debieron conformarse con la vicepresidencia tercera de la Cámara cuando, de acuerdo con el hilo argumental de kirchneristas, radicales y socialistas, debería haber ocupado la vicepresidencia segunda, que volvió a quedar en cabeza del legislador UCR por Córdoba, Mario Negri.

El fórceps argumentativo que postula al FAP como principal fuerza opositora para relegar al Frente de Unidad Peronista esconde, como siempre, motivaciones políticas. El principal objetivo del kirchnerismo en el recinto fue bloquear cualquier foco legislativo infeccioso vinculado a Daniel Scioli, autopostulado para suceder a Cristina de Kirchner en 2015. El premio a Binner fue el mal menor. El peronismo libra su propia interna donde los partidos opositores son actores de reparto, fichas a mover para direccionar intereses propios. En el Frente de Unidad Peronista conviven camufladas distintas tribus que trabajan casi en la clandestinidad para que Scioli sea el próximo presidente. Rucci, la trunca candidata del FUP para la vicepresidencia tercera de la Cámara de Diputados, ingresó en 2009 en la boleta de Unión PRO que también depositó en el recinto a Francisco de Narváez y a Felipe Solá. Dos legisladores que no disimulan su afinidad política por el proyecto presidencial del gobernador de Buenos Aires. Incluso De Narváez ya hace campaña para intentar renovar banca de la mano de José «Pepe» Scioli, hermano del excompañero de fórmula de Néstor Kirchner en los comicios de 2003.

Scioli deberá definir en marzo del próximo año hasta dónde tensa la cuerda con la Casa Rosada. El principal parámetro para medir el nivel de belicosidad del gobernador será el armado de listas para la Legislatura bonaerense y para el Honorable Congreso de la Nación. En 2015 será el turno de las elecciones presidenciales, y Scioli no puede llegar sin tropa propia en los recintos. Este año ya padeció en La Plata pedidos de informes de su propio bloque, motorizados por legisladores de La Cámpora, para investigar el manejo de las concesiones del juego en su gestión. Otorgarle al Frente de Unidad Peronista, donde existe al menos una docena de sciolistas disfrazados, la vicepresidencia tercera de la Cámara de Diputados de la Nación hubiese significado encender una mecha política con futuro incierto dentro del peronismo. El premio al FAP de Binner, en cambio, desvía la atención y pone al enemigo político fuera de las fronteras del PJ.

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