1 de abril 2014 - 00:00

“Este ‘Calígula’ enfatiza el drama de Albert Camus”

Peter Coleman-Wright, como el emperador Calígula, protagoniza la ópera del alemán Detlev Glanert que subirá a escena hoy en función de Gran Abono, y con la cual el Teatro Colón inaugura su temporada lírica.
Peter Coleman-Wright, como el emperador Calígula, protagoniza la ópera del alemán Detlev Glanert que subirá a escena hoy en función de Gran Abono, y con la cual el Teatro Colón inaugura su temporada lírica.
La temporada lírica del teatro Colón se abre esta noche con el estreno local de un título joven: "Calígula", del alemán Detlev Glanert. Dada a conocer a nivel mundial en el 2006, la ópera cuenta con libreto de Hans-Ulrich Treichel basado en la obra homónima de Albert Camus.

La producción es de la English National Opera, y el elenco está encabezado por Peter Coleman-Wright (Calígula), Yvonne Howard (Caesonia), Martin Wölfel (Helicon), Héctor Guedes (Cherea), Jurgita Adamonyte (Scipio), Fernando Chalabe (Mucius) y Víctor Torres (Mereia/Lepidus).

La régie es de Benedict Andrews, la escenografía de Ralph Myer, el vestuario de Alice Babidge y la iluminación de Jon Clark. Al frente del Coro (preparado por Miguel Martínez) y la Orquesta Estable estará el norteamericano Ira Levin.

Dialogamos con el régisseur Andrews.

Periodista: ¿Cuál es la relación del libreto de "Calígula" con su fuente literaria?

Benedict Andrews:
Me gustaría hablar de las diferencias y de lo que Glanert tomó del "Calígula" de Camus. La obra de Camus fue escrita en la mitad del siglo XX en torno a los horrores de la humanidad y su trascendencia pública. A partir de eso Camus creó una figura extremadamente radical, tal vez la maldad extrema -aunque él no lo juzga- pero sí un hombre con un poder absoluto. Calígula destruye toda la estabilidad a su alrededor: destruye el estado, destruye la familia, destruye la poesía, destruye el amor, y con él la sociedad cae en el abismo. Creo que Detlev Glanert encontró en este personaje de Camus una figura interesante, por un lado este aspecto político, la disolución en el caos totalitario, y cuando la sociedad va cayendo de a poco pierde significado y va hundiéndose en el caos, pero al mismo tiempo la fantasía de esta figura desmesurada va alcanzando su máximo nivel. Una de las cosas más interesantes a mi modo de ver en Camus es que él fue criado en Argelia, y cómo ese paisaje político y visual está un poco reflejado aquí. La ópera de Glanert enfatiza el problema político de la obra de Camus.

P.: ¿Qué puede anticiparnos de su puesta en escena?

B.A.:
Una de las cosas interesantes de esta ópera es que empieza y termina con un grito. Un grito de furia y de dolor en el principio. Justo antes de que la ópera empiece Calígula ha desaparecido dentro de un bosque, devastado por la muerte de su hermana. Comienza con esta pérdida y este abismo. El grito final es un grito político: él es asesinado por una turba, porque el caos ya no puede seguir adelante. Y lo interesante tanto en la obra como en la ópera es la idea de que Calígula es algo imposible de matar. Y la ópera pone en escena lo que sucede cuando la pesadilla de un hombre se vuelve la pesadilla de un pueblo. Junto con mi diseñador de escenografía buscamos el equivalente moderno del espacio de poder, y lo encontramos en un estadio deportivo. Como el Estadio Nacional de Chile, donde los crímenes más horrendos del régimen fueron actuados en el espacio más público. Al elegir este tipo de espacio sucedió algo muy interesante: la obra por un lado hace que el coro encarne al pueblo, a los diferentes estratos de la sociedad, y nos permitió reflejar no sólo a Calígula como un monstruo sino la conciencia misma de este monstruo. Podemos meternos en su mente, escuchamos su respiración, el latido de su corazón, pero también su soledad, puesta de manifiesto en el hecho de un hombre poderoso sentado solo en el medio de un estadio.

P.: ¿Cómo se desarrolló el trabajo en el Colón?

B.A.:
Estuve trabajando durante las dos semanas previas, mis asistentes se hicieron cargo de las dos primeras. En esta puesta la escenografía está totalmente integrada a la puesta en escena, no es algo meramente visual. Una de las cosas más maravillosas de estar aquí es entrar a este edificio y trabajar en él. Es una sensación similar a la de caminar por una catedral, en un templo de la ópera. Amo la yuxtaposición entre la opulencia y la fantasía de la sala y ese objeto rudo de concreto situado en el escenario. Suena increíblemente bien, por supuesto.

P.: ¿Cuáles son para un director de escena los límites en la ópera, como género complejo que involucra tantos elementos?

B.A.:
Cada ópera plantea un problema distinto. Yo vengo del teatro, y creo que la ópera tiene un gran poder de trascender hacia lo simbólico de una manera muy directa a través de la música. Mi forma de trabajo requiere mucho de los cantantes, precisión de pensamiento y claridad emocional. Puede ser un desafío, pero los cantantes están preparados para eso. Cuando la técnica y la entrega actoral se conjugan el resultado es extraordinario. Esta puesta tiene muchos detalles, la música también es muy compleja y puede llevar tiempo entrar en esa complejidad y advertir todos los detalles. El otro desafío es el de trabajar con tanta gente y obtener un buen balance entre música y drama, lo cual por supuesto requiere de un entendimiento óptimo con el director musical.

Entrevista de Margarita Pollini

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