Por lo general, entre amigos y familiares, siempre llega a mí este tipo de consultas: “¡Marco, recomendame uno o dos vinos de hasta (equis cantidad de pesos) para beber este fin de semana!”. Es una consulta bastante amplia y a su vez subjetiva para mí, ya que genera una catarata de nombres de bodegas, cepas, regiones, enólogos y etiquetas, todas acompañadas de emociones por cómo fueron bebidos, cariños, por quienes fueron compartidos, y sentimientos, porque el vino no sólo se bebe, también se siente, y el contexto donde uno lo hace y la compañía con quien se descorcha hacen que sea único y generan todas esas maravillosas sensaciones, las cuales vuelven a mí frente a estas consultas.
Para responderlas, me hago una pregunta simple y fácil: “¿Qué compraría yo?”. E indefectiblemente me escapo de lo conocido y de los anuncios publicitarios, justamente porque ya sé que son muy buenos, y focalizo mi búsqueda en las bodegas pequeñas, las que no publicitan en revistas ni diarios, pero sí son comentadas por colegas, amigos, notas en los medios y redes sociales; esas bodegas y sus vinos son un mundo por descubrir lleno de excelentes sorpresas y magistrales elaboraciones.
Muchas de ellas pertenecen o son dirigidas por enólogos de renombre que justamente son los que elaboran esos vinos maravillosos de grandes bodegas que vemos publicitadas, pero en este caso, son emprendimientos personales de ellos, donde la excelencia es el único camino a seguir.
Viñedos en zonas extremas, cepas no tradicionales, hectáreas de siembra pequeñas, pocas botellas de producción, así como métodos de elaboración distintos tales como la co-fermentación, la fermentación carbónica, o recipientes de crianza o fermentación como pueden ser las barricas Fudres, Roll Fermentor, Huevos de cemento y alguno que otro nombre, en la etiqueta, desopilante, son algunos de los detalles que encontramos en estos vinos: detalles que demandan no sólo esfuerzo sino también inversiones fuertes de dinero que luego vemos reflejadas en el producto final acompañados de un precio de mercado más que razonable y no excesivo.
Asimismo, son botellas de vino que están llenas de historias ricas y fascinantes por contar, por conocer, desde su inicio hasta su llegada a nuestras manos.
Nombres como Monastrell, Sangiovese, Garnacha, Marsanne, Roussane, Pedro Ximénez, Criolla, Pinot Grigio y tal vez un poco más conocidas la Cabernet Franc y Petit Verdot, son algunas de las cepas que no solemos escuchar a menudo, pero que en muchos casos estos vinos son elaborados con ellas, sin dejar de lado a nuestro Malbec, Torrontés y demás cepas que nos vienen acompañando y deleitando desde siempre. Colores brillantes, aromas frescos, algunos suaves y otros profundos, sabores deliciosos, con finales intensos y largos son algunas de las características de estos vinos.
Etiquetas como Estancia Uspallata, Zaha Marsanne, Zorzal Eggo, Alma Gemela, Ver Sacrum, Revolver, Desquiciado, Equilibrista, Livvera, Chaman, Antonio Mas Núcleo, Aprendiz, Tras la Piedra, Altar Uco, entre otros, son algunos de los tantos vinos que podemos empezar a conocer. Animarnos a descubrir nuevas cepas, etiquetas e historias, creo que es una de las distintas formas o dinámicas que tiene el disfrutar el vino; perdernos en las vinotecas buscando lo conocido o no es una práctica fabulosa, por que el fin de ello es siempre el mismo, descorchar y brindar con una buena y rica botella de vino.
(*) Sommelier
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