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Estupenda exposición de Ezequiel Linares
Las obras que integran la muesta antológica de Linares (1927-2001) exhiben la potencia imaginativa, la transgresión, el humor punzante, el barroquismo y la imaginería del artista.
Efectivamente se necesita bastante tiempo para recomponerse y comenzar a recorrer la muestra antológica de Ezequiel Linares (Buenos Aires,1927-Tucumán, 2001) titulada «Crónica de una pasión americana».
«En Tucumán tuve por cierto mi destino de artista latinoamericano. Ese Macondo de nuestro país me hechizó de tal manera que olvidé todo en él, me sumergí en esa tierra de tierras calientes, de historias creíbles e increíbles. Fue como un nuevo nacimiento a un mundo fascinante».
Linares se instala en Tucumán en 1962 para hacerse cargo de la jefatura de la sección Pintura del Departamento de Artes de la Universidad que, entre 1946 y 1952, por su excelencia, había alcanzado proyección internacional. Por allí pasaron, entre otros nombres ilustres, Lino Enea Spilimbergo, el escultor Lorenzo Domínguez, los grabadores Pompeyo Audivert, Víctor Rebuffo y el gran dibujante Lajos Szalay, además de los locales Timoteo Navarro y Luis Lobo de la Vega.
De esa escuela surgirán más adelante Miguel Dávila (La Rioja), Carlos Alonso (Mendoza), y debe destacarse la escuela de Arquitectura con nombres célebres como Eduardo Sacriste y Eduardo Catalano, por lo que Tucumán es conocida como un centro vital de arte y arquitectura.
Por eso, como lo señala Alberto Petrina, curador de la muestra, «estamos en presencia de un creador sensible al medio en el que desarrolla su obra. Tucumán inviste a Linares con el don de una inédita percepción americana, quema sus naves y traza el mapa del resto de sus días».
Linares abandona la abstracción que había desarrollado en Buenos Aires por una figuración que, a través de diversas series, nos introduce, por ejemplo, en el sarcasmo con el que encara «Virreinato del Río de La Plata». Figuras espectrales, bufonescas, de virreyes y virreinas, de una corte en la que el ocre revela falsos oropeles de lo que hoy denominaríamos de periferia. Más adelante continúa esta serie que denomina «Neovirreinato», siguen los oropeles pero cambia hacia una paleta metalizada, una suerte de travestismo todo lo invade: las cabezas de las mujeres rapadas contrastan con golas, peinetones, trajes suntuosos en escenas prostibularias.
Una galería de personajes perversos, lascivos, decrépitos y deformados pasa por las series «El tango», las «Casas de la Turca», «Las Termas», de esta última, «La Galera», recibe el Gran Premio de Honor del Salón Nacional en 1973.
En 1971 reside en París durante un año y «La Larga Noche Latinoamericana», nos mostrará a los personajes de pacotilla que ostentaron el poder con sus pesadas botas, bandas y condecoraciones supuestamente ocultos tras anteojos ahumados, manos que «indican» el camino, ya sea sobre pesados sillones o montados en caballos lujosamente enjaezados, la imagen vulgar del tirano.
En 1980 se radica en Madrid y vuelve en 1984 a Tucumán donde retoma su cátedra en la Universidad. Linares no se sometió nunca a dictados provenientes de los centros donde se cocinaba lo políticamente correcto, no renegó tampoco de su condición de latinoamericano, un tema que aún se discute porque se lo ha confundido con lo folklórico sin reparar en su vitalidad, originalidad y poder de sorpresa que ostentan los artistas de tan diversas geografías.
En Linares está esa potencia imaginativa, el poder perturbador, la trasgresión, los personajes de apariencia fantástica, el barroquismo, el humor punzante, la imaginería propia del, a su vez, eximio dibujante.
Alrededor de 80 obras en una muestra que se inició en el Museo Sívori (hasta el 7 de marzo) para seguir en Culturarte (San Salvador de Jujuy), Museo Provincial de Bellas Artes (Salta), Museo Provincial de Bellas Artes «Timoteo Navarro» (San Miguel de Tucumán), Museo Provincial de Bellas Artes «Emilio Caraffa» (Córdoba), itinerario que culminará en Diciembre de 2010.
Avenida Infanta Isabel 555 (frente al Rosedal).


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