20 de mayo 2009 - 00:00

Excelente concierto de La Barroca del Suquía

La Barroca del Suquía. Dir.y sol.: M. Kraemer. Obras de H. Purcell y G. F. Haendel. (Teatro Avenida).

Festivales Musicales de Buenos Aires dedica esta temporada a «4 aniversarios»: Purcell-Haendel-Haydn-Mendelssohn. Como apertura de temporada, presentó un concierto a cargo del conjunto cordobés La Barroca del Suquía, una de las primeras orquestas barrocas con instrumentos originales en el país. Constituida en su gran mayoría por músicos cordobeses, el grupo interpretó un programa dedicado a obras de Purcell y Haendel, con el agregado de algunos fragmentos de Telemann en los bises.

La excelencia de los intérpretes y de su director, el violinista Manfredo Kraemer, es incuestionable, a pesar de que a todos, a veces, los infieles instrumentos históricos les juegan malas pasadas con la afinación, que es errática y cruel. Superados estos problemas casi naturales y que esta vez no resultaron determinantes, se oyeron con creciente placer un conjunto de obras de estos dos ilustres compositores del período Barroco inglés. En ellos estuvo el eje de la música de la Inglaterra de ese tiempo. De Purcell se interpretaron una serie de números de «The Fairy Queen» (Z.629) «A choyce of airs and dances» y la Sonata en Re Mayor (Z. 850) para trompeta y cuerdas mientras que de Georg F. Haendel se incluyeron la Suite en Re mayor «Water Piece» también para trompeta y orquesta; el Concierto en Fa mayor para órgano y orquesta y el Concierto Grosso en Do mayor (Alexander's Feast).

Kraemer condujo La Barroca del Suquía desde su puesto de violín concertino y logró no solo una edición sonora musical y expresiva sino también transmitió a sus diecisiete instrumentistas el respeto estilístico, la precisión, la riqueza de matices y texturas junto al vuelo sensible que él mismo posee.

Como artista invitado, vino de Toulouse el francés Serge Tizac, que toca en trompeta natural. Si bien sus performances siempre implican un riesgo por la ingratitud de su instrumento, su actuación poseyó el brillo necesario en las dos composiciones que lo incluyeron como solista. También participó de uno de los bises dedicados a obras de Telemann, que resultaron un digno cierre a este primer concierto de Festivales Musicales.

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