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Fallos, sondeos y brujas, signo de inquietud K
Néstor Kirchner
En estas horas, otro expediente reforzará o mitigará la virulencia del mensaje de la Cámara a Kirchner. Para hoy, se espera una resolución del caso Barrionuevo, que quiere ser candidato en Catamarca contra la voluntad del PJ que controla el patagónico.
En el caso Fernando Narváez, los jueces priorizaron la postura del partido -el ignoto PASIB que primero anotó al homónimo del empresario y luego lo bajó- por sobre el derecho particular del candidato. Si prima ese criterio, Barrionuevo quedará excluido de la votación.
Es un precedente sólido, pero hay una salvedad: la intervención del peronismo catamarqueño asoma contaminada porque se resolvió en una reunión del Consejo del PJ que nunca se hizo o, en el mejor de los casos, no contó con el quórum fijado por la Carta Orgánica.
El martes, este diario lo adelantó: la papelería que el partido giró a la Justicia invoca una cumbre fantasma de gobernadores firmantes que estaban en sus provincias, presidida por Kirchner que, a esa hora, aterrizaba en Mar del Plata junto a Daniel Scioli.
Ayer, con un día de retraso, Barrionuevo llevó esa denuncia a Comodoro Py y la personalizó en el patagónico. Le imputa «falsedad ideológica» y presunta «falsificación de documento público». Por un jardinero, Fernando de la Rúa transitó años por tribunales.
Brujerías
Aunque inquietante, el frente judicial no figura entre las urgencias de Olivos: todo remite a la elección. En ese rubro, hay climas, percepciones y datos que perturban a Kirchner pero, más que nada, a los dirigentes del PJ -la mayoría- que no reciben a diario las dosis de optimismo que el patagónico inyecta a sus íntimos.
La incertidumbre invita a la bizarría: sin encuestas confiables ni testeos precisos -exceso de indecisos; mucha volatilidad- en la zona sur, gente del peronismo K buscó el auxilio de las adivinas. Una bruja les arrebató la sonrisa.
El ajedrez electoral se alborotó en esas horas con números que marcan una caída -con tendencia decreciente- del Acuerdo Cívico en la Capital Federal. El alerta no es por la posibilidad de que un repunte de «Pino» Solanas condene a Carlos Heller al cuarto lugar.
El «panic attack» cruza la General Paz. El voto del primer cordón del conurbano se contagia del porteño y un derrumbe del panradicalismo produciría un corrimiento de votos anti-K de Margarita Stolbizer a De Narváez, polarización que inunda de pesadillas a Kirchner.
El ex presidente, rezan los encuestólogos oficiales, no perdió votos en la última semana, pero la diferencia con De Narváez se acortó -según admiten en Gobierno- a escasos 4 puntos porque, entre peleas y desaciertos de campaña del ACyS, se desintegró el voto panradical.
Ese escenario indefinido -ayer, cerca de Heller mostraban cifras del peronólogo Julio Aurelio que preanuncian una paridad del banquero K con Solanas- empujó a Kirchner a la Capital: anoche se definía la participación del patagónico, junto a Scioli, en una caravana el sábado por el sur porteño.
A lo visible, le ensamblan costuras subterráneas. Anteayer, el jefe de Gabinete, Alberto Pérez, recibió a Osvaldo Mércuri, uno de los peronistas que alumbraba el peronismo disidente junto a De Narváez y Felipe Solá. Ningún secretismo fue tan promocionado.
El kirchnerismo, y el sciolismo, prometen cincelar una fusión entre peronistas post 28 de junio, operación que la Coalición Cívica expone en la campaña para tratar de devaluar la teoría de que votar a De Narváez es votar contra el Gobierno.
El diputado deslizó, para tranquilizar a los suyos, una sola indicación: fusionará su espacio con el macrismo en la provincia y cederá la jefatura de ese bloque compartido a Jorge Macri. No premió con ninguna promesa a Solá.

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