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Familia que se pierde un poco en artificios
Norma Aleandro, su hijo Oscar Ferrigno y su nuera Valeria Lorca en lindo personaje protagonizan «Familia para armar», film de Eduardo González Amer más pretencioso y artificioso que «El infinito sin estrellas».
El novelista y poeta Eduardo González Amer («Todos estábamos un poco cuerdos») debutó hace tres años como realizador con una obra pequeña, humilde y sentimental, de atendibles méritos, «El infinito sin estrellas». En la segunda ya quiso apuntar más arriba, con mayor acabado técnico, que consigue agradablemente, y con un elenco de mayores nombres: Norma Aleandro, su hijo Oscar Ferrigno y su nuera Valeria Lorca, que ya había participado en «El infinito...». Sin embargo, lastrada por ciertos artificios, la película no se eleva del mismo modo.
La historia es sencilla, con alguna trampita argumental. Ferrigno, el protagonista, es un separado que mantiene un hotelito costero con su madre y su hermana algo floja de un tornillo, pero no mantiene la paciencia cuando llega la hija adolescente, maleducada y demandante. Las dueñas de casa son mujeres de buen humor y apreciable lucidez. El tipo, en cambio, es un necio malhumorado, y la hija es necia, contestadora, burlona, en fin, sale al padre, incluso en el rechazo al uso del peine. Hasta que surge una vuelta de tuerca interesante, cuando el padre intenta llevarla de regreso con su madre y allí comprende, dolorosamente, la razón de ciertos comportamientos de la chica. Esa escena es clave, y tiene su inesperado aliento poético.
Después la película sigue un largo trecho, se pierde un poco en artificios actorales y extensiones superficiales, busca diversos remates, y al fin encuentra uno bastante bueno. Es que, como cabe esperar, en el fondo padre e hija se quieren y un buen día se entienden. Por suerte en ese momento no salen diciendo ninguno de esos lugares comunes que empalagan cualquier historia, pero por desgracia el padre dice aquello de «te merecés saber la verdad», justo en el momento más inoportuno e innecesario. En fin, nadie es perfecto.
Resumiendo, la segunda obra de González Amer es más ambiciosa que la primera, tiene un (acaso voluntario) tono que recuerda vagamente el de «El faro», algunos buenos momentos y otros medio forzados, un buen asunto que se pierde un poco en artificios, y también un lindo personaje de Valeria Lorca como la hermana. Atractivos adicionales, la morocha Paula Kohn y la rubia Ximena Rijel como dos alegres huéspedes sueltas de cuerpo, la suave música de Facundo Espinosa y Fernando Monteleone, los mismos de «Sudor frío», y las playas de Cariló a comienzos de otoño.
P.S.


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