26 de marzo 2014 - 00:00

Fascinante caso del Comisario Montalbano

Fascinante caso del Comisario Montalbano
Andrea Camillieri "La sonrisa de Angélica" (Bs.As., Salamandra, 2014, 219 págs.)

Decir que ésta es la historia de una bien urdida y merecida venganza es como decir que es otra fascinante novela policial de Andrea Camilleri. Pero aun eso dice muy poco de esta nueva historia del gran narrador italiano que, a los 89 años, tras más de 60 novelas, 32 de ellas dedicadas a la aventuras del comisario Salvo Montalbano de Vigata, Sicilia. Montalbano es gourmet tanto en la cocina como en la biblioteca, un adicto a los sabores refinados y un lector empedernido, y esos dos aspectos se manifiestan en esta novela.

Libro a libro, el comisario Montalbano ha ido envejeciendo, o por lo menos eso es lo que siente a los 58 años, los crímenes cada vez lo intrigan menos, son como rompecabezas que se reiteran. Pero una serie de robos ingeniosamente concretados lo sacan de la modorra. Los ladrones hacen un calculado trayecto por mansiones de las familias más adineradas, y pueden desvalijarle a una misma familia, a la vez, su residencia principal y la de veraneo. Y no sólo se llevan dinero sino también joyas y especialmente obras de arte con sabiduría de expertos. Por si fuera poco, el jefe de la banda decide tomarle el pelo a Montalbano y lo desafía a investigar en serio y no dedicarse a pasear en patrullero. Hasta eso es capaz de soportar el taciturno comisario.

Pero todo cambia cuando aparece una de las damnificadas, la bella y fulgurante Angélica Cosulich. La sonrisa de esa seductora treintañera transforma a Montalbano, desata en él sueños del pasado. Y acá la novela alcanza una dimensión distinta que seguramente no podrán paladear quienes vean el capítulo "La sonrisa de Angélica" que ya realizó la RAI para la serie del Comisario Montalbano, que en la Argentina se ve por el canal Europa Europa. La sensual y etérea Angélica Cosulich es para el comisario la viva imagen de la Angélica del poema épico de 1516 "Orlando Furioso" de Ludovico Ariosto, el ideal femenino que en la imagen prohibida de la mujer desnuda que ilustró Gustave Doré provocó sus fantasías de adolescente. "Angélica. ¡Oh, Angélica! El joven Monatalbano se había enamorado perdidamente de ella a primera vista, y pasaba buena parte de las noches imaginando que hacían juntos cosas tan obscenas que jamás habría tenido el valor de confesárselas ni siquiera a su amigo más íntimo".

El personaje de Orlando y de Angélica de Ariosto ya había hecho escribir páginas, antes que a Camillleri, entre otros, a Italo Calvino, Salman Rushdie, ser citada, junto a su amado Medoro, por Borges en un poema, o que Antonio Vivaldi, "il prete rosso", le dedicara una ópera ("Orlando Furioso").

La Angélica contemporánea perturba la investigación del comisario, lo volverá celoso, lujurioso, furioso como el mítico Orlando. Vivirá el anacrónico frenesí de una pasión tardía. Pero eso no le impedirá, mal que le pese (y en el fondo le pesa realmente mucho), cumplir con su deber de reinstalar el orden, de acabar con la delincuencia, de resolver los crímenes.

M.S.

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