11 de noviembre 2013 - 00:00

Fatídico (y falso) número 1.500

La vida está llena de coincidencias y el azar es el dios de los tontos, pero no por eso dejamos de sorprendernos cada vez que nos topamos con una, por simple que sea. ¿A qué se debe semejante simultaneidad de hechos?, nos preguntamos, y asediamos el enigma.

El 4 de este mes, los diarios matutinos publicaron dos notas claramente coincidentes. La una se titula: "Revelan el hallazgo de 1.500 actas secretas de la última dictadura militar"; la otra: "Encuentran 1.500 obras de arte robadas durante el nazismo". Ambas noticias son sobre dictaduras militares; ambas contienen la cifra 1.500, al punto de parecer las dos, a simple vista, una misma noticia con algunas variaciones. ¿Pero es realmente así?... El culpable de esa coincidencia aparente es el bendito (maldito, en realidad) 1.500, especie de comodín numérico a la hora de tener que dar una cifra alta sobre cualquier evento, e indigno, por falsario, de haber dado nombre a uno de los siglos más florecientes del arte europeo (el Cinquecento). ¿Qué 1.500 es un número utilizado a modo de estadística, y no con la pretensión de que sea un dato exacto? De acuerdo, pero ya reza una consabida sentencia que "hay dos clases de mentiras: las mentiras y las estadísticas", así que, en definitiva, nuestro número en cuestión es doblemente falso, por espurio y por estadístico.

Rastreemos a este embustero serial por campos de batalla y otros escenarios. Por ejemplo, al hablar de las víctimas fatales del hundimiento del Titanic, un historiador afirma que: "Los muertos en esa tragedia suman una cifra espeluznante: 1.500 personas, entre pasajeros y tripulación" (en realidad, murieron 1.516). Asimismo, leemos que en la batalla de Maipú, en 1818, "murieron 1.500 de 4.500 soldados realistas que en ella participaron", mientras que en la de Ayacucho (1824), la más importante en la historia de Hispanoamérica, "murieron 1.500 realistas". Del mismo modo, en la batalla de Abárzuza, durante la Guerra Civil Española, "murieron 1.500 hombres del Ejército Liberal, incluido el propio general en jefe" (yo creo que el general fue ultimado para que la cifra de caídos no diera el desprolijo número de 1.499). El 16 de abril de 1746, en la batalla de Culloden, que cambió la historia británica, "murieron 1.500 jacobitas y sólo 50 del bando opositor". En la de Batán (año 1599), "los milicianos canarios mataron a 1.500 holandeses". En tiempos bolivarianos, el general Miranda sofocó la rebelión valenciana "ahogándola en sangre y fuego con un costo de 800 muertos y 1.500 heridos". En 2001, por la invasión de Estados Unidos a Afganistán, "murieron 1.500 civiles en seis meses". En 2011, los medios anunciaron que la cifra de fallecidos en Filipinas por las inundaciones "aumentaron a 1.500", y el mismo año se nos informó que "1.500 inmigrantes murieron en el Mediterráneo". Mientras por el uso de armas químicas en Siria pudimos leer recientemente que "murieron 1.500 personas en varios distritos de la periferia de Damasco".

Pero no sólo por guerras y catástrofes campea, zaino y melodramático, este número recurrente. En un artículo de la Dra. Harlem Brundtland, directora general de la Organización Mundial de la Salud, puede leerse que "1.500 es el número mínimo de calorías que es recomendado para las personas adultas". Y, por su parte, un sesudo historiador afirmó que "hay evidencia de que la humanidad aprendió a utilizar números por primera vez mil quinientos años antes de Cristo"... Y sí, por supuesto, ¿desde cuándo iba a ser si no?

Cuando a los 99 años murió Leonor Acevedo, madre de Jorge Luis Borges, se le acercó una mujer al escritor para darle el pésame y le dijo: "Pobre Leonorcita, morirse tan poquito antes de cumplir los 100 años. Si hubiera esperado un poco más...". Borges, con olímpica ironía, le respondió: "Veo señora que es usted devota del sistema decimal". Al parecer, la historia y el periodismo tienen, a su vez, devociones semejantes.

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