Superó en la final a Cilic por 6-3, 6-1 y 6-4, erigiéndose como el campeón más viejo en el All England, con 35 años y 342 días. Desde hoy es el N°3 del mundo.
Sobre el mismo césped en el que empezó a construir su leyenda, Roger Federer saltó a una nueva dimensión tenística al conquistar su octavo título de Wimbledon, el 19° Grand Slam de su carrera. Ni el paso del tiempo, rival de todos y cada uno de los deportistas, parece haber encontrado todavía la receta para frenarlo. Padre de cuatro hijos y a 23 días de cumplir 36 años, el suizo aplastó al croata Marin Cilic por 6-3, 6-1 y 6-4 para convertirse en el más veterano en imponerse en el tercer Major de la temporada desde que comenzó la Era Abierta en 1968.
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El reloj de Londres marcaba las 15:51 de la tarde -una hora y 41 minutos después de que la pelota se pusiera en juego- cuando el court central del All England Club se vino abajo. Las 14.979 personas que colmaron el estadio saltan y se rinden ante Federer. Lo volvió a hacer. Volvió a ganar Wimbledon, a asombrar al mundo. "Creo que cuando era pequeño soñaba a lo grande. Veía como posibles ciertas cosas que quizás otros las imaginaban inalcanzables", señaló el primer hombre que ganó ocho veces sobre el césped londinense.
Hasta ahora estaba empatado en siete con Pete Sampras y William Renshaw y ya sólo tiene a Martina Navratilova, nueve veces campeona, como próximo desafío. Al estirar su récord de Grand Slam a 19 -abriendo una brecha de cuatro con Rafael Nadal-, Federer empató con Helen Wills Moody y únicamente lo superan Steffi Graf (22), Serena Williams (23) y Margaret Court (24). Esos números se magnifican si se considera que llevaba desde 2012 sin triunfar en la catedral del tenis y que en los años posteriores muchos temieron que no volviera a levantar la copa. Tras perder las finales de 2014 y de 2015, en 2016 cayó en semifinales y después se tomó una pausa de seis meses para recuperarse de sus problemas en la rodilla y en la espalda.
Desde entonces vive en una nube. Ganó Australia, Indian Wells, Miami y Halle antes de llegar a Wimbledon. En la hierba más famosa del mundo, donde ganó su primer grande en 2003, se hizo gigante. "Luché mucho para estar hoy acá. Ganar el torneo sin ceder un set es mágico. Siempre creí que podría volver. Si crees, puedes llegar muy lejos en la vida", dijo el suizo.
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