9 de diciembre 2008 - 00:00

Festejo K sin Cristina y demasiadas sillas vacías

Con la festejada, Cristina de Kirchner, de gira por Rusia y la especulación teórica de una eventual visita sorpresa de Néstor Kirchner, la Casa Rosada dejará en manos de un grupo K ligado a Máximo Kirchner la celebración oficiosa del primer año de mando cristinista.

El festejo, patrocinado por el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, lo convocó el Movimiento de Unidad Popular (MUP) de Federico Martelli, clan de origen piquetero que se recicló en tropa K y es esponsoreado por el hijo mayor de los Kirchner.

En rigor, Martelli es uno de los cinco miembros de la mesa política de La Cámpora, esa especie de «jotapé» versión kirchnerista, cuyo control se le atribuye -sin prueba alguna- a Máximo Kirchner y que, en menos de un año, pasó por la trituradora a varios caciques juveniles.

Sin show oficial, el primer aniversario de gestión de la Presidente se concentrará en Punta Carrasco con la presencia de una ristra de funcionarios. Al cierre, sobre el atardecer, irán Parrilli y la nueva estrella del planeta Kirchner: Amado Boudou, titular de la ANSES.

«Un año de gobierno de Cristina: seguimos construyendo una patria para todos» es el eslogan con que tituló el MUP una cita que promete «debate y análisis», en la que disertarán Rafael Follonier, Enrique Deibe (Trabajo), Luis Lázaro (COMFER) y Néstor Piccone (Medios), entre otros.

Otros tiempos, otra expectativa, los aniversarios de la asunción -el 25 de mayo de 2003- de Néstor Kirchner tuvieron siempre un condimento particular. Ahora, el primer año de Cristina carece -o eso parece- de las emociones de los festejos de su marido.

El MUP -coordinado por Martelli junto con Esteban Concia-, que es una mixtura de piqueteros con grupos de juventud, aparece como una opción para mostrar cierta movilidad en el cierre de un año que estuvo cargado de rupturas y de partidas en el sector del oficialismo.

Un registro histórico, cotejado con un año atrás, muestra con claridad esas ausencias, que en un hipotético megaencuentro K se reflejarían en demasiadas sillas vacías.

El 10 de diciembre de 2007, en paralelo a la asunción de Cristina de Kirchner, juraban gobernadores, legisladores y funcionarios que un año después ya no están en el espacio K o han tomado clara distancia de la Casa Rosada. Esto se produce tanto en el peronismo como entre los grupos piqueteros y en el sector de la Concertación Plural, sobre todo en lo relacionado con los radicales K.

En el PJ, la distancia con gobernadores, como Juan Schiaretti (Córdoba) -por ahora subsanada temporalmente- más diferencias con Mario Das Neves (Chubut) -sobre quien Kirchner lanzó un operativo de captura de dirigentes provinciales- y, en otro rango, José Luis Gioja (San Juan), que rompieron vínculo con la Casa Rosada o marcaron, en algunos casos más públicamente que en otros, sus disidencias. Esto tuvo, todavía más visible, una expresión legislativa que primero se registró con la votación de la 125 -Reutemann y Marín, entre otros- y en las últimas semanas se consolidó con la salida de un grupo de diputados encabezados por Felipe Solá.

A la vez, producto del voto «no positivo» de Julio Cobos para la Resolución 125, se produjo una fractura en el frente oficial respecto de la Concertación Plural, sobre todo en el capítulo de los radicales K. Dos gobernadores, Eduardo Brizuela del Moral (Catamarca) y Arturo Colombi (Corrientes) se alejaron del Gobierno, aunque ahora negocian alguna especie de pacto. En tanto, intendentes -Meoni, Gutiérrez- y legisladores -Katz- rompieron relaciones con la Casa Rosada y ahora alientan un frente anti-K.

En el show kirchnerista del primer aniversario cristinista también habrá ostensibles ausencias de organizaciones sociales que dejaron de formar parte del dispositivo oficial, cuya expresión más clara fue la renuncia de Humberto Tumini y Jorge Ceballos, jefes del Movimiento Libres del Sur, a sus cargos en el Gobierno nacional.

P.I.

Dejá tu comentario