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Fiesta inolvidable para 35.000 fans
El recital de Depeche Mode, brillante tanto en lo musical como en lo visual, enloqueció a los más de 35.000 fans que casi hacen colapsar el Club Ciudad de Buenos Aires.
Parece casi un triunfo del marketing: el show más masivo que se haya visto en mucho tiempo en el club Ciudad de Buenos Aires (más de 35 mil personas que casi colapsan el lugar) culminó con un tema que por poco hace referencia a la empresa de telefonía celular sponsor del acontecimiento, sólo que la pequeña obra maestra de Depeche Mode, «Personal Jesus», se refiere a todo tipo de conductas obsesivas, adicciones y malas vibraciones, mensaje reforzado por la estupenda puesta escénica con la que culminó un show brillante en todo sentido.
Alguna vez pioneros del tecno-dark ochentista, con el tiempo Depeche Mode incorporó todo tipo de matices y estilos musicales, algo que se aprecia especialmente al verlos en acción en un escenario. Desde los más frenéticos sonidos electrónicos a contundentes explosiones rockeras (incluyendo la enérgica actitud del cantante David Gahan), sutiles arreglos de slide guitar, irrupciones funky para algunos de sus viejos clásicos, Depeche Mode ofreció una performance antológica, que enloqueció a los miles fans que disfrutaron cada momento.
Algo destacable de este «Sounds of the universe tour» es que directamente pasa de largo de los más antiguos hits de la banda -la mayor parte de los temas corresponde a la última parte de su discografía- y que, contando con toda la parafernalia visual propia de un supergrupo, la aprovecha a pleno de la manera más imaginativa y creativa posible, pero sin volverse dependiente de la puesta en escena en ningún momento. Una pantalla gigante detrás de los músicos, más otras tres alrededor del escenario, podían mostrar un vertiginoso montaje del show en vivo o simplemente apagarse para que el público se concentre en la música. Los efectos visuales y el montaje de lo que se vio en las pantallas es de lo mejor que se haya hecho en este rubro.
«A question of time», «Enjoy the silence», «Stripped» y «Walking in my shoes», marcaron algunos de los mejores momentos de la noche. Al final, «Personal Jesus» consiguió superar todo lo anterior, potenciando una gran canción (a la altura de Johnny Cash, que casi la adoptó como propia) con una puesta en escena asombrosa.
Y algo más: probablemente el nivel técnico del sonido haya sido, también, el mejor que se haya apreciado en un concierto masivo en la Argentina.


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