Filtran datos para convertir al Chávez final casi en un mártir

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TM Caracas - Hugo Chávez subió con paso firme las escaleras del avión presidencial. Al llegar a lo alto, giró, levantó el puño y gritó: "¡Viva la patria!", antes de desaparecer en el interior de la aeronave que lo trasladó a Cuba para su última intervención quirúrgica. Los venezolanos nunca más volvieron a escucharlo.

Los detalles de su agonía siguen siendo un misterio. Las dos últimas semanas de vida del líder socialista fueron extenuantes. Aquejado por fuertes dolores que lo obligaban a permanecer sedado durante horas y que le impedían incorporarse de la cama, Chávez tenía que respirar a través de una cánula traqueal debido a una infección pulmonar aguda que lo atacó tras su última cirugía en La Habana.

Los altos funcionarios que los visitaron durante su hospitalización en La Habana y en Caracas "utilizaban iPads y otros recursos para hacerle presentaciones de los proyectos", explicó una fuente del Gobierno bajo condición de anonimato, al explicar cómo el presidente hizo todo lo posible para comunicarse con su equipo y seguir, pese a las enormes limitaciones, al frente de las decisiones de Gobierno. "Cuando le pidieron nombrar un nuevo canciller para ocupar el cargo que dejó vacante su vicepresidente y heredero político, Nicolás Maduro, le mostraron los nombres de los candidatos y él señaló el de Jaua y firmó el documento", indicó.

El mandatario había quedado extremadamente débil tras la operación de más de seis horas, que se complicó con una hemorragia interna, y los médicos tuvieron que reanimar al paciente varias veces y descubrieron que las células cancerígenas habían llegado hasta los pulmones. El equipo cubano que lo atendió en el posoperatorio tuvo que desarrollar un antibiótico personalizado con el que logró estabilizar la infección respiratoria y mejorar su condición. En medio de la aparente mejoría, Chávez pidió volver a su país.

El Gobierno, con el respaldo de la familia, se hizo cargo de todas las gestiones para garantizar un traslado sin riesgos en un vuelo de tres horas. Después, informó que el retorno se produjo en la madrugada del 18 de febrero. No hubo imágenes ni fotos. "¡Volvió, volvió, volvió!", gritaban sus seguidores delirantes en las calles para festejar el "milagroso" regreso del Comandante a la patria.

Días antes, las autoridades habían difundido las últimas fotos públicas del mandatario para contrarrestar los rumores que hablaban de un Chávez terminal, generados después de que no acudiera el 10 de enero a su propia toma de posesión para jurar el cargo que ganó en octubre con una contundente mayoría.

Tres días antes de morir, Chávez sostuvo una última reunión con buena parte de su gabinete, en la que durante varias horas pasó revista a los temas más importantes, le consultaron varias decisiones y pidió información sobre la marcha del país. Cuando salieron del encuentro, los ministros fueron conscientes de que su condición era muy delicada, pero quedaron convencidos de que el presidente todavía podría recuperarse pese a que desde la operación recibía una gran cantidad de fármacos para garantizar sus signos vitales.

En las horas siguientes, su condición empeoró progresivamente hasta que el lunes cayó en un coma del que no pudo despertar. El martes, rodeado de familiares y su círculo más íntimo de colaboradores, sus constantes vitales se apagaron.

A Chávez le habían diagnosticado cáncer en junio de 2011; la enfermedad estaba en un avanzado estadio de evolución, luego de someterse a una primera operación en Cuba por unos enormes dolores que los médicos achacaban a una diverticulitis. Según una fuente médica, el principal diagnóstico del mandatario era un rabdomiosarcoma en el psoas, músculo que va desde la parte baja de la columna vertebral hasta la cadera. Tras la tercera operación, Chávez recibió radioterapia hasta pocos días antes de lanzarse a su última y dramática campaña electoral, asegurando a los venezolanos que el cáncer había desaparecido y que estaba listo para gobernar hasta 2019.

Durante tres meses, el que fuera aclamado por sus seguidores como "el huracán bolivariano" hizo una campaña atípica, con discursos cortos y poco hilvanados que desafiaban su proverbial locuacidad y actos de campaña cuidadosamente preparados, casi siempre montado en un camión o subido a una tarima. Algunos ni los pudo terminar vencido por el intenso dolor, incluyendo el acto final de su cierre de campaña bajo un feroz aguacero en la capital. "En alguna ocasión yo le dije a Nicolás en el camión ese bendito: '¡Nicolás, sácame de aquí!'", confesó días después de lograr su cuarta reelección.

Sus detractores creen que el empeño en acudir a las urnas pese a los embates del tratamiento revela a un hombre obsesionado por mantener el poder y que hasta el último minuto evitó una transición. Para sus aliados fue una muestra de coraje y defensa de la revolución hasta sus últimas consecuencias. "Uno siempre ha vivido de milagro en milagro", dijo el 8 de diciembre en una de sus últimas alocuciones, recordando su agitada biografía que daba cuenta de su habilidad y grandes dosis de buena suerte para salir airoso de situaciones límite.

Agencia Reuters

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