11 de octubre 2012 - 00:00

Fin de crisis: se levantó protesta, pero cruje Garré

Sergio Berni
Sergio Berni
El operativo fue eficaz: Cristina de Kirchner pudo ayer reaparecer en público y mostrar cerrado el conflicto que durante la última semana protagonizaron, en un hecho inédito en las últimas décadas, prefectos y gendarmes amotinados por una queja salarial.

Sergio Berni, secretario de Seguridad con despliegue y dones de ministro, se autocolgó la medalla. El lunes, el funcionario le arrimó a la Presidente un plan de maniobra para desactivar la crisis y prometió, a riesgo propio, que lograría clausurarlo en 48 horas.

Este diario lo contó el martes. La clave principal, luego de la ristra de pases a disponibilidad, fue mandar a los comandantes superiores a las unidades conflictivas para «garantizar» que los uniformados estén en sus puestos a partir del martes a la mañana.

La presencia de los jefes tuvo efecto casi inmediato. Esa misma tarde, el grueso de los que poblaban los «motines» eran familiares, retirados y efectivos de franco. La excepción era un grupo reducido e «infiltrado» encabezado por el gendarme Raúl Maza.

Los denominados «planes de llamada» para que los efectivos permanezcan «por tiempo indeterminado» en los destinos a los que están asignados fue, combinado con la amenaza de una ola de «bajas», lo que diezmó la protesta de los prefectos y los gendarmes.

Ayer, en el edificio Guardacostas no quedaron díscolos aunque permanecían algunos, todavía, en el edificio Centinela. El Gobierno daba por terminado el episodio.

El resto de la jugada fue anular, como se perfiló el jueves pasado ante el petitorio de los rebeldes, cualquier instancia de una negociación salarial entre la Casa Rosada y los levantiscos. Admitir esa discusión implicaba, decían en Gobierno, darle entidad a la protesta.

Algo más: aunque con el hecho consumado, en la cercanía de Berni hubo quejas por considerar prematuro dar marcha, casi al instante, con el decreto crítico que serruchó los salarios. Por eso, después, se sacó de la mesa el tironeo de mejora de sueldos.

Le película, en su trama original, se liquidó ayer. La salida de Raúl Garré, hermano y mano derecha de la ministra de Seguridad, fue la excusa, un mero formalismo, para que los uniformados levanten la medida de protesta. No había margen para sostenerla.

Y Cristina de Kirchner pudo, al atardecer, en la celebración por los tres años de la sanción de la ley de medios, reaparecer con su acto político sin gendarmes ni prefectos amotinados.

Lo de Garré tiene, por su lado, otros matices. El funcionario puso su renuncia a disposición la semana pasada, apenas estalló el conflicto. Una forma de preservar a su hermana, que venía sacudida por el expansionismo de «coronel» Berni y la frialdad presidencial.

Garré, hermano, encabezó la comisión que «adaptó» la resolución de la Corte ante la demanda de jubilados de la fuerza, al esquema de liquidación de los haberes que derivó en recortes de, en algunos casos, hasta un 60% de los sueldos de bolsillo.

Contradicciones del mundo K: el informe de Garré sobre los salarios fue usado por Juan Manuel Abal Medina y Hernán Lorenzino para defender la readecuación y denunciar una maniobra delictual en Gendarmería y Prefectura. «Magnífico», le dijo el ministro al jefe de Gabinete.

La aceptación de la renuncia fue veloz. El decreto publicado ayer en el Boletín Oficial está fechado el viernes pasado. Así y todo, durante el fin de semana, el funcionario continuó colaborando en las tratativas con gendarmes y prefectos, aunque la trama central la comandó Berni.

En Casa Rosada se sostiene que la caída de Raúl le concede a Nilda un plazo de sobrevida en el cargo. La semana pasada se daba por hecho que su permanencia era cuestión de días.

En círculos interesados en el derrumbe de la ministra, se especulaba anoche que el levantamiento del conflicto pondría en marcha el cronómetro de su salida.

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