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Forestier, o de cómo convertir ideologías mediante la seducción
Sara Forestier en «El significado del amor», de Michel Leclerc. «El film», dice «es una mirada sobre esa capacidad que tenemos de crear extranjeros, de hacer del otro un extranjero».
Periodista: Primera pregunta, referida a una escena especial de esta comedia: ¿cómo se animó a salir desnuda a la calle y encima caminar varias cuadras?
Sara Forestier: Desnuda, no. Llevo zapatos, cartera y celular. Bueno, me animé porque era la posibilidad de hacer un desnudo cómico, ya que mi personaje sale corriendo de su casa sin advertir que, en el apuro, olvidó ponerse un vestido. Me encantó eso del desnudo cómico, hacer reír estando desnuda es rarísimo.
P.: No crea... Ahora, los anuncios hablan de una chica que conquista sexualmente a los hombres reaccionarios, sólo para hacerles cambiar de opinión. Pero esta comedia es bastante más que eso, ya que plantea temas de inmigración e integración nacional.
S.F.: A Michel Leclerc, el director, le costaba resumir eso en una frase de promoción, entonces decidimos poner el acento en una promesa de diversión y originalidad, que además cumplimos totalmente. Pero él sufría mucho, no quería que su obra se anunciara sólo como una comedia picaresca. Por suerte el título está bien elegido: «Le nom des gens», el apellido de las personas. Fíjese, con menos palabras el título dice más que la sinopsis puesta en los anuncios.
P.: Es curioso tratar en tono de comedia el conflicto de integración de los inmigrantes y sus hijos.
S.F.: Es un enfoque distinto, lo abordamos gozosamente. En cine, los inmigrantes suelen ser víctimas del racismo. Acá tenemos uno que no es víctima, pero siente culpa porque se considera privilegiado. También está eso de los traumas y sus consecuencias. Suponemos que un trauma forzosamente crea un sentimiento de revancha, pero hay comportamientos sorprendentes. Los padres del personaje masculino aman los objetos para no estar con los humanos (al hijo lo bautizaron Arthur Martin). Y mi personaje, habiendo sido víctima de cierto hecho sexual, poco después se libera sexualmente. Leclerc no trabaja con estereotipos, que además cambian con el tiempo. Un ejemplo, días atrás vio a unos gitanos diciendo de un alemán «Cuidado, puede ser un ladrón». La película también habla de nuestra capacidad para crear extranjeros, todos somos extranjeros de otro. Donde él se crió, los extranjeros eran los del pueblo de al lado. De Bretaña a Normandía, de Argel a Paris, es sólo una cuestión de escalas. Pero Francia es un país de inmigrantes, y creo que convivir es algo natural en el hombre. Para mí, la convivencia avanza como una dinámica natural de nuestra sociedad.
P.: Su personaje tiene características parisinas y magrebíes.
S.F.: Sí, por partes iguales. Entré, porque el guión pedía una chica que los propios árabes no terminaran de reconocer como suya. Hay muchas así, usted se habrá cruzado con varias en la calle. A veces, no se reconocen ni entre ellas mismas.
P.: Y usted en la película se cruza con el ex primer ministro Lionel Jospin. ¿Cómo lo integraron al elenco?
S.F.: Le dijimos que iba a actuar conmigo. Pero tardó meses en decidirse, hasta que sus hijos lograron convencerlo. Luego temimos que hiciera retirar la escena, pero le gustó, le gustó toda la película, nos ayudó, y hasta diría que fue nuestro mejor agente de publicidad. Además, la obra habla de temas que le tocan particularmente. Fíjese, de todo lo que hizo como ministro, lo que más se recuerda es el sentimiento de fraternidad que impulsó a través del Mundial98, donde millones de habitantes de Francia sintieron que ellos también eran franceses. Personalmente, yo no sé si podría ser otra cosa. El asunto es cómo serlo, teniendo raíces ajenas.
P.: ¿En quién se inspira su personaje?
S.F.: En Baya Kasmi, la coguionista y esposa del director. Mi personaje toma muchísimo de ella y su grupo familiar, pero le aclaro, ¡para lo más divertido de la película nos inspiramos totalmente en otra chica! No me haga quedar mal.
Entrevista de Paraná Sendrós


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