1 de agosto 2016 - 00:00

Francia discute si crea su propio Guantánamo para frenar el terrorismo

¿Quién habría imaginado que el infame penal instalado por Estados Unidos en su base cubana, donde los sospechosos pasan años presos sin derecho de defensa, podría convertirse en un modelo? Lo es para muchos en la Francia de hoy, agobiada por el yihadismo. El debate se derrama a toda Europa.

 París - El atentado contra una iglesia católica en Normandía, que derivó en el degüello de un cura de 84 años, se llevó a cabo a pesar de que uno de los autores llevaba puesta una tobillera electrónica, un aspecto que hace que todas las medidas de prevención parezcan insuficientes y que disparó un nuevo y delicado debate en Francia: ¿qué trato se les debe dar a los sospechosos de terrorismo?

Los críticos denuncian una falla de la Justicia, que sólo pocos meses antes había ordenado la puesta en libertad de uno de los atacantes, que estaba en prisión preventiva.

Bajo el impacto de una serie de atentados sin precedentes, la presión está aumentando en la sociedad francesa para que se adopten medidas drásticas, hasta el extremo de que la oposición conservadora exigió el internamiento de todos los sospechosos de terrorismo en una especie de "Guantánamo francés".

"Una guerra de verdad significa quitarles la libertad y neutralizar a todos los que pretendan atacar a Francia", dijo el expresidente Nicolas Sarkozy, que pretende ser candidato a Presidente el año que viene, en una campaña cuyo tono en principio beneficia a la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen. Según él, hay que arrestar a los presuntos islamistas aun cuando no hayan cometido ningún delito.

"Estamos hablando de algunos cientos de personas de quienes sabemos que pasarán a cometer delitos", añadió el exmandatario, que rechazó como "sutilezas" las objeciones jurídicas a una medida tan radical.

Sarkozy no empleó el término "Guantánamo", la base militar en Cuba donde Estados Unidos mantiene detenidos sin cargos ni juicio a sospechosos de terrorismo, pero sí lo hizo su compañero de partido Georges Fenech, presidente de la comisión encargada de investigar los atentados cometidos en 2015.

A raíz del ataque en Niza, donde un hombre mató con un camión a 84 personas, Fenech incluso sugirió llevar a los sospechosos a la idílica isla atlántica de Ré, donde hay una cárcel que, según dijo, necesita ser renovada urgentemente.

Dirigentes como Sarkozy y Fenech esgrimen para defender su postura un argumento que pone en aprietos a las autoridades judiciales: varios de los terroristas que a partir del atentado a la revista satírica Charlie Hebdo mataron en el país a 236 personas ya estaban fichados por la Policía. Una y otra vez los autores de los atentados resultan ser personas cuyos nombres ya estaban registrados en un banco de datos como presuntos yihadistas.

Según los medios franceses, este fue también el caso de los dos jóvenes que atacaron la iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray, donde degollaron al sacerdote Jacques Hamel, de 84 años. Uno de los atacantes, Adel Kermiche, incluso se enfrentaba a un juicio por haber intentado viajar al centro de operaciones del Estado Islámico en Siria e Irak. Por esta razón estaba siendo vigilado mediante una tobillera electrónica, lo que sin embargo no impidió el atentado.

Para el Gobierno del presidente François Hollande hay una línea roja que no se debe traspasar. "Encarcelar a personas por el simple hecho de que exista una sospecha es inaceptable desde el punto de vista moral y jurídico", dijo el primer ministro Manuel Valls. También el Consejo de Estado francés afirmó que tal medida sería una violación de la Constitución francesa y de la Convención Europea de Derechos Humanos.

Mientras, desde las filas conservadoras salió una retahíla de demandas adicionales: la expulsión de delincuentes extranjeros a partir de determinada condena, penas más duras y la prohibición del salafismo, una corriente extrema del islam.

En tanto, el debate se replica en otros países, sobre todo en Bélgica, que con al menos 451 "combatientes" que partieron o intentaron ir a Siria y a Irak, tiene el número más alto de "muyahidines" que, de regreso a Europa con sus pasaportes comunitarios, gozan de una amplia libertad de movimientos.

En Alemania, la plana mayor de la política recordó ayer a las víctimas de la matanza perpetrada por un joven germano-iraní en un centro comercial de Múnich entre llamamientos a no caer en el pánico ante el yihadismo y a no perder "lo que somos: una sociedad solidaria", según definió el presidente Joachim Gauck en un acto en el Parlamento regional de Baviera.

Mientras, el Estado Islámico redobla la presión. En el último número de su revista en inglés, Dabiq, publicada ayer en internet, instó una vez más a sus partidarios que sigan atentando contra los "infieles" en cualquier parte del mundo.

La publicación, que este mes se titula "Rompé la cruz", alaba los últimos ataques terroristas perpetrados por los "soldados" del EI en Alemania, Francia, Estados Unidos y Bangladesh, que según la publicación han dejado más de 600 muertos y heridos.

Dabiq habla de "los soldados del Califato escondidos", en referencia a los denominados "lobos solitarios" que actúan sin apoyo de una organización, y asegura que éstos recibieron órdenes de atacar "sin demora".

Agencias DPA, ANSA, EFE y Reuters,


y Ámbito Financiero

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