Macron, un exbanquero de Rothschild, era visto como los ojos y oídos del mundo corporativo en el Elíseo hasta que dimitió como asesor económico de Hollande este año. Ayer prometió intentar reconstruir la confianza entre los inversores y entre los propios franceses. Los economistas celebraron la designación de Macron, con la idea de que Hollande seguirá adelante con su política proempresarial para reducir los impuestos corporativos en 40.000 millones de euros y sacar a la economía del estancamiento al tiempo que recorta el déficit. Montebourg, de tendencia izquierdista y antiglobalización, fue destituido el lunes por pronunciarse contra esa estrategia económica que Macron ayudó a forjar. La principal queja de Montebourg fue que las medidas para recortar el déficit probablemente acabarían con las esperanzas de recuperación y dañarían injustamente a los más pobres de la sociedad. "Es un cambio de personal, casi un cambio de generación, un cambio de estilo", dijo Sapin, cuyos esfuerzos para tranquilizar a los socios de Francia en la UE se vieron minados por las palabras de Montebourg a France Inter. "Por encima de todo, tiene esa consistencia total de la que Montebourg carecía. Con Macron sabes hacia dónde vas", añadió.
Hollande es el presidente más impopular que ha tenido Francia en la historia reciente y los sondeos muestran que los votantes no confían en él para reactivar la economía, estancada desde la primera mitad del año. El martes nombró un nuevo Gobierno sin los principales representantes del ala izquierda del Partido Socialista, que criticaban su política de austeridad, y ayer presidió el primer Consejo de Ministros del segundo Gobierno del primer ministro Manuel Valls (el primero duró menos de cinco meses). Valls señaló que disminuirá el costo del trabajo y el impuesto de sociedades y que "se simplificará la vida a las empresas". Anunció que el viernes se presentará un plan para reactivar la construcción y que se reformará el código laboral mediante "la negociación y la búsqueda de un acuerdo" entre patronal y sindicatos. El primer ministro reiteró la voluntad de una reorientación para que la UE dé prioridad a la inversión -solicitó a la Comisión Europea que concrete el plan de 300.000 millones de euros adelantado en julio- y confirmó que Francia quiere flexibilidad en el ritmo de reducción del déficit. Aprovechó para instar al Banco Central Europeo a ir más lejos en la línea adoptada en los últimos meses que, sin intervención directa en los mercados, consiguió una cierta devaluación del euro frente al dólar, la cual, a su juicio, sigue siendo insuficiente.
| Agencias Reuters y AFP |


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