25 de julio 2013 - 00:00

Francisco llamó a volver a Dios y no ceder al dinero y el placer

El papa Francisco concitó ayer todo el fervor de los fieles que acudieron a su misa en el Santuario de la Virgen Aparecida, en San Pablo, en cuyas manos puso su vida y la suerte de su pontificado. Anunció que planea volver a ese sitio en 2017, lo que fue saludado con una ovación.
El papa Francisco concitó ayer todo el fervor de los fieles que acudieron a su misa en el Santuario de la Virgen Aparecida, en San Pablo, en cuyas manos puso su vida y la suerte de su pontificado. Anunció que planea volver a ese sitio en 2017, lo que fue saludado con una ovación.
Aparecida - Ante una multitud de fieles enfervorizados, el papa Francisco puso ayer su vida, su pontificado y al pueblo latinoamericano bajo la protección de la Virgen de Aparecida, patrona de Brasil, y abogó para que los jóvenes sean artífices de un mundo más justo y no cedan ante "ídolos pasajeros como el dinero, el placer y el poder".

Dos días después de haber llegado a Río de Janeiro para presidir la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, Francisco se trasladó ayer a la localidad de Aparecida, en el estado de San Pablo, de 35.000 habitantes, donde fue recibido por 200.000 personas que desafiaron la lluvia el día más frío del año, con temperaturas de entre 5 y 8 grados.

El Pontífice tenía previsto viajar desde Río de Janeiro, distante 245 kilómetros, en helicóptero, pero debido al mal tiempo lo hizo en un avión que aterrizó en el aeropuerto de San José dos Campos, a 80 kilómetros de Aparecida, y desde allí se trasladó en helicóptero hasta el santuario.

Francisco fue recibido con cánticos, vivas y aplausos por los fieles, algunos de los cuales esperaban desde hacía más de dos días para ver al primer papa latinoamericano, quien ordenó detener el vehículo y, rodeado de guardaespaldas, se acercó y saludó personalmente a los peregrinos, a uno y otro lado de la pista.

Con todo, el despliegue de seguridad, compuesto por 5.000 policías y militares, fue más prolijo que el observado el lunes en Río, donde los fieles se abalanzaron peligrosamente sobre su auto, lo que derivó en fuertes críticas y una completa revisión del esquema de cuidado del Pontífice.

Una vez dentro del templo, ante 12.000 fieles, Francisco se dirigió a la Capilla de los Doce Apóstoles, donde está expuesta la imagen de la virgen, ante la que oró durante unos minutos.

"En vuestras manos pongo mi vida", afirmó en castellano un papa emocionado, que después ofició su primera misa pública en Brasil, en la que exhortó a los fieles a no perder la esperanza y pidió a los padres y educadores que transmitan a los jóvenes los valores que les hagan artífices de un mundo más justo, solidario y fraterno.

Para lograr ese objetivo, señaló tres actitudes: mantener la esperanza, dejarse sorprender por Dios y vivir con alegría.

Sobre la esperanza, dijo que aunque en la vida de cada uno y de las comunidades se presentan muchas dificultades, Dios nunca deja que el hombre se hunda.

"Tengan siempre en el corazón esta certeza: Dios camina a su lado, en ningún momento los abandona. Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos en nuestro corazón".

"El dragón, el diablo, el mal, existe en nuestra historia, pero no es el más fuerte. El más fuerte es Dios, y Dios es nuestra esperanza"
, afirmó.

Señaló que hoy en día los jóvenes sienten la sugestión de tantos ídolos "que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza, como son el dinero, el éxito, el poder, el placer", y que ello se debe a la sensación de soledad y vacío que sufren "y que los lleva a la búsqueda de compensaciones de estos ídolos pasajeros".

El Papa exhortó a los adultos a ayudarlos a ser protagonistas de la construcción de un mundo mejor.

"Son un motor poderoso para la Iglesia y para la sociedad.

Ellos no sólo necesitan cosas, necesitan sobre todo que se les propongan esos valores inmateriales", aseguró el Papa.

Respecto a dejarse sorprender por Dios, aseguró que Dios nunca deja de sorprender, ya que guarda siempre lo mejor para los hombres y sobre la actitud de "vivir con alegría" manifestó que un cristiano está siempre alegre, "nunca triste y no puede ser pesimista, no puede tener el aspecto de quien parece estar de luto perpetuo".

"Si estamos verdaderamente enamorados de Cristo y sentimos cuánto nos ama, nuestro corazón se inflamará de tanta alegría que contagiará a cuantos viven a nuestro alrededor. Como decía Benedicto XVI, un discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro", manifestó.

Francisco recordó que hace seis años, en 2007 se reunió en Aparecida la V Asamblea General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Celam) y que esa conferencia marcó un gran momento de la Iglesia.

A esa asamblea asistió el entonces arzobispo de Buenos Aires y hoy papa Francisco, que redactó el Documento de Aparecida, que marcó las líneas a seguir por la Iglesia Latinoamericana para encarar el siglo XXI y la nueva evangelización.

Francisco anunció que en 2017 volverá a Aparecida, en el 300° aniversario de la aparición de la Virgen, lo que fue respondido con una enorme ovación.

Tras la misa, saludó desde el balcón a los fieles y después se trasladó al seminario Bom Jesús, donde bendijo una imagen de fray Galvao, el fraile que proclamó santo Benedicto XVI en San Pablo en 2007.

El papa Bergoglio regresó a la tarde a Río, donde visitó un hospital, el de San Francisco de Asís de la Providencia, dedicado a la recuperación de jóvenes drogadictos y alcohólicos.

Francisco es el tercer papa que visita Aparecida. En 1980 lo hizo Juan Pablo II y en 2007 Benedicto XVI.

Agencias EFE, ANSA, DPA, Reuters y AFP, y Ámbito Financiero

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