19 de marzo 2013 - 00:00

Francisco: maestro de la comunicación no verbal

Entrevisté en más de una oportunidad al flamante papa argentino. Fui con él a villas miseria, parroquias en lugares oscuros y ver cómo le lavaba los pies a chicos enfermos y muy humildes, en Buenos Aires. Con humildad y austeridad franciscana. ¿Cómo es realmente Francisco como comunicador? ¿Cuál es su obsesión? Una sola: que la palabra llegara más allá de la relevancia de su propia personalidad. En el pasado nunca convocó a las cámaras ni a la prensa. El caminaba las calles de las villas, muchas veces con su querido Padre Pepe -el cura villero y gran rescatista de víctimas del diabólico "paco"-a quien cargaba porque éste era de Huracán archirrival de su amado San Lorenzo. Sus charlas eran sencillas y generaban algo fundamental en los humildes: respeto. Hoy fascina a 5.000 -normalmente escépticos- periodistas bendiciéndolos y hablándoles de verdad y belleza, usando zapatos tipo "tamangos de caminante porteño" y levantando el dedo pulgar como un rock star. Transmite tanto o más con lo no verbal que con lo verbal. Su congruencia entre lo que expresa en el lenguaje no verbal es impecable.

En algunas entrevistas con quien ahora es el papa Francisco y a solas me recordaba al estilo de otro gran personaje de la historia que entrevisté: Nelson Mandela. Él mismo abría la puerta, tomaba el abrigo que uno llevaba y lo colgaba y ofrecía algo para tomar. Los dos respetan la clave kinestésica igual de estrechar la diestra con ambas manos o anclando una sensación de tranquilidad y bienestar poniendo una mano sobre el hombro de su interlocutor. Su estrategia comunicacional se basa en la sencillez. Con la misma firme, suavidad con la que saludó desde el balcón de San Pedro, también ilumina con su sencilla y devastadora -para almas sensibles y sedientas de fe- sonrisa. "Me fueron a buscar al fin del mundo¨, pero estamos aquí. Su sabiduría intelectual y emocional está presente en todo momento, y en lugar de recibir a su ocasional entrevistado detrás de un escritorio con una mesa de por medio, evita cualquier obstáculo comunicacional y empatiza sentándose al lado de uno.

Escucha con atención y habla con precisión y siempre con su tono sanador. Sus manos muestran sus palmas y se extienden en la clara expresión no verbal de abrazar a todos los fieles. Generalmente no las cruza por delante de sí demostrando que no tiene contradicciones y es congruente entre lo que dice y lo que su cuerpo expresa. La ovación del pueblo de Roma lo hace sonreír una vez más. Nace un fenómeno comunicacional que puede cambiar el curso de nuestro tiempo. El mundo así lo espera.

Apenas la fumata blanca se fue diluyendo por los vientos romanos y la sorpresa por la elección del nuevo papa pasó a convertirse en la ansiedad por saber quién era Jorge Mario Bergoglio convertido en Francisco, del propio Vaticano surgió una razón contundente del por qué de esa elección: la Iglesia necesita ser una excelente comunicadora para poder sobrevivir, por eso lo elegimos a este papa del fin del mundo.

El encuentro de Francisco de ayer con Cristina de Kirchner fue una muestra de excelente comunicación no verbal. Tanto que pareció un acto de la Opera Evita cuando bailan El Che Guevara y Eva Perón en un encuentro tan artístico como ficcional. Ambos desarrollaron un serie de gestos de conciliación, afecto, respeto y paz.

¿Sobreactuaron? Probablemente aunque con la convicción de una nueva era que se abre para ambos. Cada uno con un mundo distinto. El intercambio de saludos, manos que se estrechan y sonrisas cálidas como anticipo de un diálogo fraternal e intercambio de regalos que transmitió la paz que todos los argentinos esperamos contra todos los pronósticos de crispación. Bastó la actitud de un tío comprensivo - "¿Lo puedo tocar?"-; el beso que recibe a una sobrina con cariño y la esperanza de que se empiece a portar bien.

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