Fiel a su doctrina de acercar a la Iglesia al pueblo, el Papa no vio un problema en que la pareja italiana no tuviera el sacramento del matrimonio y accedió a bautizar a Giulia, de siete meses de edad, luego de que sus padres, Ivan Scardia y Nicoletta Franco, se lo solicitaran en una audiencia general.
Estos bautismos colectivos son una tradición en el Vaticano. Se organizan en la Capilla Sixtina, generalmente para los hijos de los empleados locales, pero este año Francisco también aceptó a otros bebés.
El sumo pontífice argentino también bautizó al hijo de una madre soltera, quien había pensado inicialmente abortar cuando su compañero la abandonó.
En su homilía, pidió a los padres que sean "transmisores de la fe, tienen el deber de transmitir la fe a estos niños, es la más bella herencia que le dejarán, la fe, sólo esto".
"Hoy canta el coro, pero el coro más bello es el de los niños, algunos lloran, si tienen hambre, mamás, hay que darles de comer, tranquilas", manifestó y alentó así a madres y padres, en un clima de simplicidad y espontaneidad, a participar en la ceremonia.
Con frecuencia, durante los bautismos, madres ofrecieron el seno y padres los biberones a los niños que lloraban o estaban nerviosos.
Entre los bautizados por Jorge Bergoglio estaban dos niñas llamadas Francesca, quizás en honor del nuevo Papa, y dos que tienen incluido el nombre: se trata de María Allegra Alessandra Francesca y Emma Francesca María.
Poco después, durante el Angelus, dijo improvisando: "Me gusta bautizar a los niños, es una fiesta, cada niño que nace es una alegría y un prodigio de la fe".
Prosiguiendo con sus palabras dominicales, sostuvo que con el nacimiento de Jesús "inicia el tiempo de la misericordia, se reabren los cielos que habían quedado cerrados por el pecado, y Dios nos vuelve a dar la garantía de un amor indestructible".
Desde entonces "es posible ver los cielos abiertos" por el amor, "como hicieron los pastores y los Reyes Magos en Belén", destacó.
| Agencias ANSA, DPA y AFP |


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