Los imputados acusados de asesinar al teniente Aldo Garrido durante un robo en el centro de San Isidro, en febrero, confesaron ayer en el juicio que se les «escaparon» los disparos en un forcejeo con el policía y que no tuvieron intención de matarlo.
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Marta Barbieris, la viuda de Garrido, que se constituyó en el debate como particular damnificada, dijo que tuvo ganas de «ir y pegarles» a los acusados al escuchar cómo relataban el hecho y consideró que la mujer «es muy fría, es una basura».
El juicio oral por el crimen del policía que hacía más de 30 años vigilaba el centro comercial de San Isidro comenzó ayer ante el Tribunal Oral en lo Criminal 5 de San Isidro, integrado por los jueces Mario Kohan, Raúl Neu y Ariel Introzzi Truglia.
Déborah Acuña y Ernesto Luque llegaron a juicio acusados del delito de homicidio calificado, por lo que enfrentan una expectativa de pena de prisión perpetua. Luque, quien está asistido en el juicio por el defensor oficial Carlos Aguirre, fue el primero en aceptar declarar frente a los jueces y allí confesó su responsabilidad en el hecho, aunque intentó introducir algunos atenuantes. «Esa mañana con mi señora habíamos ido a San Isidro a delinquir», dijo al inicio de su declaración.
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