Entre 2008 y 2011, el anterior Gobierno de Cristina de Kirchner, los ingresos del sector público nacional se incrementaron un 103%, pasaron de $ 224 mil millones a $ 456 mil millones. Mientras, como explica un análisis difundido ayer por la consultora IDESA, el gasto público total pasó de $ 202 mil millones a $ 464 mil millones en el mismo período, o sea aumentó un 130%. Por esta dinámica, el resultado del sector público nacional pasó de un superávit de $ 22 mil millones en 2008 a un déficit de $ 8 mil millones en 2011.
Los datos muestran que, aunque los ingresos públicos se duplicaron al finalizar la primera gestión, el ritmo de incremento del gasto público fue tan superior que entre los años 2008 y 2011 el déficit del sector público nacional aumentó en $ 30 mil millones. «Esto sugiere que los desafíos de gobierno para el segundo ciclo, al menos desde el punto de vista fiscal, van a ser sustancialmente más complicados que en la primera gestión», asegura el informe de IDESA. Y agrega que para la segunda gestión de gobierno con un profundo deterioro de las cuentas públicas, «salvo que se apele a algún otro tipo de apropiación -como ocurrió con los ahorros previsionales y las reservas del Banco Central- se impone un profundo replanteo en la organización y el funcionamiento del sector público argentino».
Otros datos que destaca el informe son:
En los 10 primeros meses del año 2008, las transferencias desde la ANSES y el Banco Central al Tesoro nacional eran aproximadamente de $ 12 mil millones. En cambio, en los primeros 10 meses del año 2011 fueron $ 28 mil millones.
Sin las transferencias de la ANSES y el Banco Central en 2008, el resultado fiscal seguía siendo superavitario en $ 10 mil millones. En cambio, en 2011 sin ellas, el sector público nacional pasó de $ 8 mil a $ 36 mil millones de déficit fiscal.
Las restricciones son muchas. La presión impositiva está en niveles récord, por lo que mayores aumentos de impuestos podrían instrumentarse, pero con altos costos de impopularidad y evasión.
El flujo de recursos de la ANSES alcanzó su techo y las reservas excedentes del Banco Central se agotaron, por lo que seguir utilizando más reservas implicará necesariamente presiones sobre el dólar.
Salvo que se produzca un sorpresivo y renovado dinamismo en la economía mundial, o que se apele a alguna otra forma de apropiación, como ocurrió con los ahorros previsionales y las reservas, el gabinete de la continuidad debería prepararse para diseñar e instrumentar políticas muy diferentes a las que se vinieron ejecutando.
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