Confiesa Gerald Foos que la excitación que le provocó, en la adolescencia, ver a su tía Katherine pasearse desnuda en la intimidad de su casa, y hasta espiar abismado y celoso algunas de las relaciones sexuales con su tío, lo convirtió en un eterno voyeur. Apenas pudo, más de veinte años después, se compró un motel que remodeló, acondicionando la amplia buhardilla sobre las habitaciones e instalando en los techos de los 21 cuartos discretas aberturas para espiar la intimidad de sus huéspedes. Así, durante décadas, confiesa Foos, "sexualmente hablando he presenciado, observado y estudiado de primera mano el mejor sexo entre parejas, espontáneo, no de laboratorio, y las demás desviaciones concebibles".
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Más que un perverso, Foos se consideraba un investigador: llevaba un diario minucioso de todo lo que veía, con los datos de los participantes en la escena. Era 1981, cuando el prestigioso periodista Gay Talese estaba por publicar "La mujer de tu prójimo", su investigación sobre las costumbres eróticas en Estados Unidos, partiendo del cambio que había significado en las recatadas estadounidenses la liberación sexual. El hotelero Foos se consideró su colega y le ofreció su manuscrito de décadas de voyeur. Si bien a Talese, dado que Foos quería mantener el anonimato, no le interesaba el asunto, se encontró con él, se hospedó en su hotel, visitó el observatorio del ático y hasta espió la performance de una joven pareja. Talese que había construido su fama, junto a Tom Wolfe, con ese "Nuevo periodismo" que cuenta historias reales y documentadas con las herramientas de la narrativa literaria (por caso en "Honrarás a tu padre" sobre la mafia de los Bonnano, que inspiró la serie "Los soprano"), no quería comprar algo que no tuviera datos que confirmaran su realidad, la verdad de lo narrado. Sn embargo, siguió recibiendo fragmentos del diario de Foos, donde hasta calificaba a las parejas por su participación individual. Contaba curiosas masturbaciones, violaciones, abuso de menores, engaños, uniones grupales, intercambios, y hasta un crimen, y eso sumaba problemas para dar a luz la historia: Talese podía terminar como cómplice. En 2013, cuando los delitos de Foos habían prescripto, el ahora ex hotelero le ofreció dar la cara, los datos, su nombre, su diario, todo lo que fuera necesario. Talese se interesó. Antes de que se publicara el libro, a mediados del año pasado en Estados Unidos, Steven Spielberg compró los derechos para hacer una película dirigida por Sam Mendes, que dejaron de lado cuando supieron que se hacía un documental sobre la vida del voyeur Gerald Foos. Todo iba bien hasta que The Washington Post descubrió que había en el libro más de una patraña, fechas que no coincidían, hechos inverosímiles como el crimen del que Talese no había conseguido más datos que el cuento de Foos: un traficante que ahorcó a su novia porque creyó que le había robado la droga. Talese tuvo que revisar y corregir su libro. Por creerle demasiado a Foos su historia, por lo menos en parte, resultaba un fraude. La ficción le había ganado al periodismo. Talese, que ayer cumplió 85 años, no pensó que participaba de lo que desde hace una década se denominaba la "post-verdad" donde los hechos objetivos, las circunstancias reales tienen menor influencia en la opinión pública que la que mueven las emociones y confirman las creencias personales, y por lo tanto: si lo dijo Talese ¿cómo no va a ser verdad? Pero esto al periodista no lo convence. Sabe que esta vez lo suyo no fue "no ficción", que no hizo "nuevo periodismo", sino sólo una tan engañosa como estupenda novela.
Máximo Soto
=Gay Talese "El motel del voyeur" (Bs. As., Alfaguara, 2017, 227 págs.)
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