21 de mayo 2015 - 00:00

George Hilton: un bandolero de los 60 visita Buenos Aires

A los 80, George Hilton continúa activo en el cine ,aunque en papeles menores.
A los 80, George Hilton continúa activo en el cine ,aunque en papeles menores.
Para crecer como artista, el uruguayo Jorge Hill "cruzó el charco". Huyendo de una mujer acosadora, Jorge Hilton voló de la Argentina a Italia. Sucio, a los tiros, George Hilton se convirtió en estrella mundial del cine popular de los años '60. Ahora, de visita en Buenos Aires, todavía con pinta y 1.85 de estatura a los 80 años, goza de la memoria de sus fans, y del amor de una mujer mucho más joven, que lo admira y acompaña. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo era su vida antes de "Tiempo de masacre", el western-spaghetti que coprotagonizó con Franco Nero en 1966?

George Hilton:
No vivía en Inglaterra como dice Wikipedia. Soy uruguayo, hacía teatro y radio en Montevideo. Crucé el charco y sumé televisión y cine. Empecé como extra en "Los tallos amargos" y "Después del silencio" (tengo un primer plano entre los presos políticos liberados tras la caída del peronismo). Más adelante hice "Alto Paraná (por primera vez fui un oficial de policía) y "Las modelos", de Vlasta Lah, buena directora. Iba bien, estaba en una buena compañía teatral con Beatriz Taibo, en tapa de "Platea" Jorge Montes había publicado una foto mía con Leonardo Favio y Walter Vidarte, y el título "La esperanza del cine argentino", pero tuve que escaparme.

P.: ¿Cómo es eso?

G.H.:
Vivía una situación sentimental muy complicada con una mujer 12 años mayor, muy absorbente. Un día me fui a Ezeiza y tomé el primer avión que salía. Aparecí en Milan, con sobretodo en pleno verano. El cónsul me compró unas remeras y me envió a Genova. Ahí me alojó una chica muy mona, hubo un romance, y pronto me vi de nuevo entre la espada y la pared. Fui a Roma, el gerente del Albergo d' Inghilterra se apiadó de mí y me alquiló un altillo, salí a caminar por la Via Veneto que Fellini había puesto de moda con "La dolce vita", y de pronto, desde una mesa en la vereda, una señora dijo "Ese debe ser argentino", porque entonces me peinaba a la gomina como Gardel. Era una mesa de artistas, entre ellos Lea Massari, que hoy sigue siendo una gran amiga, y Nino Persello, que había actuado en el cine argentino y me prestó su departamento, porque justo al día siguiente partía a filmar en Yugoslavia. Ellos me dijeron que fuera a la Titanus, donde estaban preparando una de aventuras.

P.: "El enmascarado contra los piratas".

G.H.:
Cada uno tiene su destino escrito. El director me rechazó, dijo "Este parece Gary Cooper y yo quiero alguien como Steve Reeves", pero de pronto se abrió una puerta, entró el productor, y dijo "Este es el tipo que buscamos". La película era horrible, encima hubo altibajos, huelgas, pero me pagaron (recuerdo un adelanto por debajo de la puerta), alquilé un departamento, me compré un auto, y me contrataron para otra porquería. También hice publicidad, que pagaba más que el cine, fotonovelas (me sorprende la cantidad de coleccionistas de "Killing"), y dos parodias de James Bond y de Ringo con Franco Franchi & Ciccio Ingrassia, muy divertidos, entonces despreciados y hoy recordados con devoción. Ahí conocí a una romana y seis meses después nos casamos. Ella me dio dos hijas, y gracias a su insistencia busqué un buen representante, que me llevó a Lucio Fulci, un director de veras.

P.: Y empezó la gran época.

G.H.:
"Tiempo de masacre", en dúo con Franco Nero, fue un éxito impresionante. Los héroes de westerns americanos eran muy formales. Yo en los western-spaghetti eructaba, hipnotizaba gallinas, armaba una ametralladora con una máquina de coser, hacía cosas inhabituales, y el público aplaudía a rabiar en la sala. "Póker con pistolas", "Voy, lo mato y vuelvo", "Uno más al infierno", "Vendió su pistola y se compró un cementerio", "En Ghentar se muere fácil", qué títulos. Fui Django, Sartana, Kitosh, héroes que gustaban mucho en todo el mundo. Años después estuve en Ghana y Nigeria, y los negros venían a abrazarme. Los fans de Vietnam se pasan datos con los de Brasil, y saben más que yo de mis películas. Lástima que la mayoría del público era masculino.

P.: También hizo otros géneros.

G.H.:
Cuando me cansé pasamos al "giallo", como le dicen al thriller italiano, con "El extraño vicio de la señora Ward", con Edwige Fenech y Alberto de Mendoza, al que hice incorporar. Otro éxito enorme, a partir del cual empezaron a llamarme para personajes malditos, incluso el capomafia de la fotonovela "I potenti", con Fabio Testi, Agostina Belli, Michele Placido, Janet Agren, mire qué elenco. ¡Terminé haciendo un Drácula con Lamberto Bava, "A cena col vampiro"! El maquillaje llevaba siete horas, uña por uña.

P.: Fulci, Bava, Castellari, Capitani, Giuliano Carmineo (que firmaba Anthony Ascott), Sergio Martino, tuvo buenos directores.

G.H.:
Esos y otros muy respetables del western-spaghetti y el western-paella, el giallo, el bélico, etc. Trabajé con Ernst Borgnine, Fernando Rey, Klaus Kinski, Salvo Randone, que alternaba Yago y Otelo con Vittorio Gassman, una noche cada uno. Hice varias con Carrol Baker y luego con Edwige Fenech jovencita. La gente me gritaba "suertudo" por la calle. Después se hizo productora y al final dejó todo, creo que ahora vive en Dubai con el hijo, o el nieto.

P.: Mencionó a Kinski. ¿Cómo se llevaba con él?

G.H.:
Bárbaro. Me decía Georgie, me invitaba a su casa con la mujer tailandesa y su hija Nastassia, que era chiquita. Pero era un loco bravo. Un dia fuimos al mejor restaurante de Barcelona. Hizo callar la orquesta, tiró con cara de asco una fuente de frutos del mar que nos habían preparado, nos echaron a patadas. Ganaba, gastaba todo y después vendía hasta los cubiertos de plata. Pasa mucho en este ambiente. Con él hice uno de mis mejores trabajos, "Ognuno per sé (Los cuatro despiadados), remake de "El tesoro de la Sierra Madre". Nos acompañaban Van Heflin y Gilbert Roland.

P.: ¿Y qué otros trabajos considera entre los mejores?

G.H.:
"La cola del escorpión", de Sergio Martino, "Mi querido asesino", de Tonino Valerii y, por supuesto, "Tiempo de masacre". El primer amor nunca se olvida.

P.: No figura "El macho".

G.H.:
Era horrible, ¿verdad? Dije "firmo el contrato, solo si puedo pegarle a Carlos Monzón sin que él me pegue". Porque yo pasaba el puño a medio centímetro del otro actor, pero él mandó cantidad de extras al hospital. Del boxeo tuve un amigo, Ringo Bonavena, hermosa persona. Mis hijas apenas alcanzaban a rodearle los biceps con sus bracitos. Después la mayor murió, apenas jovencita. Recibí entonces tanto afecto, de gente que no veía desde hacía años.

P.: Usted ha seguido trabajando.

G.H.:
Vengo de hacer "La promessa del sicario", de Max Ferro, en Turin. Y Enzo Castellari quiere hacer "Keoma Unchained", conmigo, Franco Nero, Bud Spencer, Gianni Garko, los viejos que aún quedamos del spaghetti. Sería lindo, pero Tomas Milian está en silla de ruedas, muchos dejamos de pelear y montar a caballo, ¡son años de volver a casa llenos de moretones y con dolor de espalda! No sé. Yo estoy tranquilo con mi hija Giorgia en Roma, donde vivo, y con Gabriela en Buenos Aires (nos enamoramos hace 27 años, luego ella se casó, tuvo tres hijas, ahora nos reencontramos). Lo único que lamento es que no tengo nietos. Hubiera sido un buen abuelo.

Entrevista de Paraná Sendrós

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