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“Gigante”: muy placentera comedia al estilo uruguayo
Ganadora de tres premios importantes del Festival de Berlín, «Gigante» es una deliciosa comedia a la uruguaya, sencilla y risueña, realizada por el argentino Adrián Biniez.
Este «Gigante» uruguayo es una pequeña delicia. Una obra risueña, cordial, hecha con pulso firme y tranquilo, capaz de ganarse el cariño del público sin refregarle situaciones emotivas en la cara. Al contrario, su descripción de los sentimientos que va teniendo el personaje protagónico es bien pudorosa. Se le ríe un poco, es cierto, pero de modo amable.
El personaje del título se llama Jara. Es un gordo grandote, macizo, con cara de fastidio, bastante seco, guardia de seguridad en un supermercado y portero de discoteca los fines de semana. Pero sus compañeros más viejos le dicen Jarita. La verdad, si uno lo mira de cerca y lo acompaña en el trabajo, casi diríamos que es un pan de Dios. No lo decimos, porque cuando se molesta da unos trompadones que tumban a cualquiera, o tira abajo las estanterías con mercadería y todo, y deben dominarlo entre varios. Le gusta el heavy metal y que lo dejen tranquilo.
Pero un día la película de su vida puede cambiar de título, y en vez de hablar óolo de Jara puede rebautizarse «Jara y Julia». Ella aparece en el monitor que controla el pasillo central. Es empleada de limpieza del turno noche. Una canaria, como les dicen medio peyorativamente los montevideanos a las provincianas, por aquello de los inmigrantes canarios que poblaron el interior. Nada fuera de lo común, entonces, pero al hombre le despierta algo de ternura. A partir de ahí, la vigila, la investiga, la sigue, la protege varias veces sin que ella lo advierta, algún día capaz que se decide y se le declara.
Eso es todo, contado con pocos diálogos, buen humor, mucho sentido de observación, un personaje querible bien actuado, y un suspenso construido en base a situaciones cotidianas y resoluciones graciosas mostradas de forma inesperada (obsérvese, por ejemplo, la escena donde ella recibe un piropo grosero por parte de un taxista inconsciente del peligro que se le avecina, ya que el gigantón la va siguiendo).
Hace añares, los norteamericanos hicieron «Marty», con Ernest Borgnine, que parecía un sapo enorme, como un carnicero neoyorquino soñando con el amor. La película sorprendió tanto que llegó a ganarse el Oscar. Pues bien, el año pasado en Berlín «Gigante» sorprendió tanto que se llevó tres premios grandes, empezando por el especial del jurado, y así siguió la temporada. Son obras de ritmo distinto, de nervios distintos, cada una responde a su época, y a la forma de ser de sus pueblos, pero sus personajes nos caen simpáticos por razones similares, y provocan similar emoción (una emoción humilde, simple, igual que ellos). Con el tiempo, quizá «Gigante» sea un clásico como «Marty». Puede ser. Por ahora, corresponde disfrutarla, y esperar que su autor pueda hacer otra igual de linda. El autor es Adrián Biniez, porteño que años atrás se cambió de orilla. Dato gracioso, el protagonista, el actor de teatro Horacio Camandule, así grandote atemorizador como parece, de día es maestro de escuela primaria.


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